Columnistas

Sonidos de la ciudad

Desde la época postindustrial, las grandes metrópolis  tienden a sonar igual en todas partes

La Razón / Patricia Vargas

01:02 / 06 de septiembre de 2012

Mucho se ha escrito sobre la contaminación acústica que origina el parque automotor en las ciudades. Esto porque los “ruidos metálicos” que ocasionan no sólo violentan al más tranquilo de los mortales, sino al oído. En las urbes desde siempre se han producido sonidos. Empero, desde la época postindustrial, las metrópolis tienden a sonar igual en todas partes, logrando con ello la pérdida de sensibilidad para recibir información de los sonidos citadinos.

En los últimos años, La Paz ha ido perdiendo cierta identidad acústica. La Iglesia Católica, desde la Colonia, ha sido (posiblemente) la primera institución que ha producido “informaciones sonoras” en las ciudades, a través del fondo de sus campanadas; transmitiendo, por una parte, su presencia; y por otra, un mensaje de acercamiento espiritual. Actualmente se las escucha muy poco, salvo algunas iglesias que tímidamente convocan a misa los días domingo.

Sin embargo, para sorpresa de muchos, la iglesia María Auxiliadora acompaña al transeúnte —con ese fondo acústico— en su caminar apresurado en alguna hora del día. Quizás la mayoría de la ciudadanía ni siquiera perciba aquello, pero no faltan quienes se asombran porque ese sonido urbano se está diluyendo en el anonimato, como muchos otros.

La búsqueda de los lugares más sonoros fue el primer paso de algunos estudios referidos a la remodelación acústica de las ciudades. Esto con el fin de instalar mecanismos que permitan captarlos, como por ejemplo el sonido que produce el movimiento del agua (fuente). Lo que no sólo cualifica a las plazas de ciertos barrios, sino que además les dota de una identidad particular. Empero, en ciertas urbes se han reforzado esos programas con la incorporación de conciertos musicales en el espacio público.

En La Paz, si bien existen algunos bulliciosos espectáculos al aire libre, en la mayoría de los casos se efectúan por homenajes conmemorativos o de postulación política. Esto sucede esencialmente cerca de las elecciones municipales o gubernamentales. Pero no se debe olvidar a las retretas que aún se desarrollan, por ejemplo, en la plaza Murillo, los domingos cerca del mediodía. Allí, las bandas militares tocan desde música clásica hasta música de carácter marcial, logrando el disfrute de la población y también de los turistas curiosos.

En agosto, niños y jóvenes del Conservatorio Plurinacional de Música (rememorando el 105 aniversario de su fundación) ofrecieron conciertos en lugares cerrados, olvidando cuanto éxito podrían haber logrado si violines, chelos, violas y contrabajos hubieran emitido sus sonidos particulares en áreas públicas. O en su caso, zampoñas y quenas de la Orquesta de Instrumentos Nativos. Al respecto, cabe remarcar la simpática idea de los recitales que la Coral Infantil realiza cerca de las navidades en algunos lugares públicos o espacios externos de algunas edificaciones.

La revaloración de los sonidos urbanos pretende acrecentar la calidad de vida de la ciudadanía a través del incremento de la calidad ambiental (sonora) en los espacios públicos. Esto no sólo para que se constituyan en polos de atracción frente al estrés de las sociedades actuales, sino porque se ha comprobado que producen sensaciones distintas y pueden enseñar a que “escuchar es oír”, y ello va acompañado de pensamiento.

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