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‘Spotlight’: curas rápidos, periodistas lentos

¿Por qué los periodistas hemos sido y somos tan lentos en ‘descubrir’ a los sacerdotes pederastas?

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo

01:08 / 17 de febrero de 2016

Uno: Juan Pablo II fue el papa más joven del siglo pasado, fue elegido con 58 años. Karol Wojtyla, su verdadero nombre, era rápido, sin lugar a dudas, incluso después de muerto: fue canonizado en un tiempo récord (en 2014, tan solo nueve años después de su fallecimiento). Fue el Papa más viajero: incluso Doria Medina lo mandó a Trinidad y él cumplió. Esta semana se ha “descubierto” su mayor secreto: su relación durante más de 30 años con una filósofa estadounidense de origen polaco, la señora (fallecida hace un par de años) Anna-Teresa Tymieniecka, casada y con tres hijos. Las cartas “secretas” (estaban en la Biblioteca Nacional de Polonia) revelan una “intensa amistad”. Juan Pablo II, amado por la CIA por su rol en el suicidio de la URSS, era rápido con los viajes y los récords, pero en las distancias cortas “pescaba” con calma y secretismo. ¿Rompió el estúpido celibato Wojtyla? ¿O fue un amor platónico, a fuego lento, de “mírame y no me toques”? ¿Es sana la castidad y la continencia perfecta y perpetua? ¿Los papas mienten a la rápida?

Dos: Spotlight, una de las candidatas para el Oscar con seis nominaciones que sigue en cartelera (subtitulada) en nuestros cines paceños, es un canto ingenuo al periodismo “de investigación” y al “poder” de los periódicos sin mirar más allá, sin analizar demasiado cuándo y por qué se filtra un escándalo, quién está detrás, a quién le interesa y beneficia. ¿Por qué los periodistas hemos sido y somos tan lentos en “descubrir” a los sacerdotes pederastas de todos los días, en todo el mundo?

Spotlight también es un retrato sobrecogedor de las víctimas (desprotegidas, siempre) de los curas pedófilos estadounidenses y su lucha por la supervivencia (para muchas, la única salida es el suicidio). La jerarquía católica también es rápida, como Wojtyla: cada vez que un cura violador es descubierto, lo cambian rápidamente de sede. O peor, lo mandan a Sudamérica, como dicen en la película. ¿Es el celibato la causa real y profunda del trastorno mental de los pederastas?

Tres: el actual papa, el señor Bergoglio, aprobó la creación de un tribunal que juzga casos de obispos acusados de encubrir a curas que abusaron sexualmente de menores de edad. El tribunal —en manos de la Congregación para la Doctrina de la Fe (la antigua Inquisición)— es una de las recomendaciones de la comisión creada para analizar casos de pedofilia dentro de la Iglesia Católica, formada por el Papa en 2013. ¿Algún resultado rápido? Ningún obispo ha sido “despedido”. Las cosas en el Vaticano, como en el Palacio, van despacio.

Eso sí, en Roma, el tribunal ha corrido a los cines para ver Spotlight, donde aseguran que el 6% de los curas violan niños y niñas (casi siempre pobres). ¿Cuántos curas tenemos en Bolivia? ¿Cuántas víctimas sufren en silencio en nuestro país?

Cuatro: Bergoglio está de “tour” por México. Ha sido recibido por Norberto Rivera Carrera, un cardenal acusado de proteger a curas pederastas. Como buena estrella de rock, sus recitales son multitudinarios. Muchos se fijan en lo que dice y hace el papa Francisco, pero pocos en lo que decide. Con la “rapidez” del Vaticano, Bergoglio desairó a las víctimas mexicanas de pederastia (más de 1.000) y no las recibió. El periodismo “lento” (y cómplice) miró para otro lado. Otra vez la táctica de siempre: proteger y encubrir a los curas depredadores sexuales. ¿Cuántos delitos cometidos han proscrito gracias a la “lentitud” eclesial?

Como mago rápido, el hábil Bergoglio fascina con palabras y gestos; en el mundo real, la pederastia eclesial sigue lentamente todos los días. Este mes, una de las víctimas inglesas que participaba del tribunal creado por el Vaticano ha renunciado. Se llama Peter Saunders y se siente decepcionado, el idilio con Francisco ha durado muy poco, mucho menos que esos 30 años de cartas entre el veloz Wojtyla y su amor “secreto” a fuego lento. Ah, yo también, como tú, quiero ser Mark Ruffalo, el estereotipo del gran periodista, sensible y “buena onda”, como Francisco.

Es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual Le Monde Diplomatique.

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