Columnistas

Suelo histórico y político de ayer

La plaza San Francisco de ayer fue el espacio público y político más efervescente de La Paz y del país

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

01:57 / 02 de abril de 2015

En épocas electorales los partidos y agrupaciones ciudadanas desde siempre han necesitado lugares públicos para organizar concentraciones partidarias y de algarabía, las cuales no solo requieren de grandes espacios públicos, sino también simbólicos para el cierre de sus campañas políticas. Así, en los últimos días, La Paz nuevamente recordó y quizás añoró a la antigua plaza San Francisco como el lugar ideal de antaño que podía concentrar a más de 100.000 personas en cada acto público.

Distintos hechos nos relatan cómo la ciudad puede ser comprendida en ciertas circunstancias y momentos. Esto gracias a los procesos de singularización, los cuales logran comunicar a través de “rituales de circunstancias” el valor de ciertos espacios públicos urbanos; en este caso, la otrora plaza San Francisco, antigua ágora de la ciudad de La Paz.

En anteriores artículos se ha mencionado al centro griego más relevante del nacimiento de la urbe pública. Filósofos de entonces consideraron de gran valía al ágora como el lugar más indicado para la reunión de plenarias donde se daba a conocer al pueblo las resoluciones adoptadas con soberanía. Asimismo, podía desdoblarse en otras funciones, como el lugar de la concentración de comerciantes, curiosos y desocupados.

A pesar de ello, fue esencialmente apropiado como el centro de unión del habla político del pueblo griego. Según Heródoto, lo que más distinguió a los griegos de otras culturas fue el contar con ese lugar público o espacio democrático donde se reunían las asambleas a deliberar.

Los siguientes pasos referidos a ese tipo de hechos urbanos se dieron con la construcción de los atrios o las plazas que circundaban a las iglesias. No muy lejos de ello estuvo la religiosidad popular, la cual, a través de los rituales, dotó a esos espacios de nuevos sentidos y funciones. De esa manera, la apropiación de los imaginarios ciudadanos convirtió a esos lugares en los más representativos de las urbes, logrando cambiar la sola función de espacio abierto por su territorialización en actos públicos. Luego su uso se acentuó más en el caso de La Paz con la proyección del Gobierno en la realización de actos políticos que tuvieron lugar en esa explanada de forma de proscenio de la plaza San Francisco de ayer.

Tampoco su entorno construido estuvo exento de fuerte simbolismo y de hechos políticos, ya que en alguna de las celdas del convento franciscano se reunieron los patriotas para concebir los planes de independencia. Asimismo, la bella basílica de San Francisco en el 52 fue testigo de los cambios sociales, pues en sus torres o campanarios se asentaron ciertas barricadas de los rebeldes. Y así se podría seguir nombrando otros ejemplos.

No es, pues, por azar o por ingenuidad comprender que la plaza San Francisco de ayer fue el espacio público y político más efervescente de La Paz y del país, ya que renacía infinitas veces con nuevas propuestas sociales. En nombre de la modernidad, hoy las memorias urbanas sobre su valor como suelo histórico y político de gran envergadura solo quedarán en ciertos escritos. Un pensador afirmaba: “La ciudad es un discurso y ese discurso en realidad es un lenguaje; la ciudad habla a sus habitantes. Nosotros hablamos a nuestra ciudad”. La ciudad en la que estamos, simplemente al habitarla, al atravesarla, al mirarla…

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