Columnistas

Sueño REM

En términos de actividad cerebral pueden no ser tan importante las horas como la calidad del sueño.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro F. Mercado

01:42 / 28 de enero de 2017

Cuando Hernán llegó a la reunión tenía los ojos en la nuca, para usar una expresión de mi abuela. Frente a nuestros comentarios que daban a entender que habría pasado una noche muy entretenida, nuestro colega dijo: “Cuánto no hubiese querido ello, pero la verdad es que en toda la noche no logré cerrar los ojos y ya son varios días que no puedo conciliar el sueño”.

Es probable que algunos de quienes estén leyendo esta columna hayan sufrido en alguna oportunidad de insomnio, en tanto que es una molestia relativamente común. Según los estudios de la Agencia Navarra para la Autonomía de las Personas, cerca del 50% de los adultos ha padecido de insomnio en algún momento de su vida.

Según estas investigaciones, este trastorno es un síntoma de varios elementos disparadores que lo originan; sin embargo, en las personas adultas, que son las que mayormente adolecen de este padecimiento, son dos las causas que generalmente se constituyen como factores explicativos. El primero de ellos es que las personas mayores duermen menos que los jóvenes porque, con el paso de los años, se reduce el nivel de melatonina, es decir, la hormona que regula el ciclo del sueño. El segundo factor es de carácter  psicofisiológico, asociado a que los adultos, contrariamente a los jóvenes, retrasan la toma de decisiones, manteniendo sus preocupaciones por varios días y trasladando su ansiedad a la cama, lo que ocasiona la dificultad para conciliar o mantener el sueño.

Evidentemente que estos factores, si bien son los más importantes en la explicación del insomnio en las personas adultas, no abarcan a todos las otras causas que pueden originar este trastorno, como puede ser el síndrome de piernas inquietas, las parasomnias, hasta fenómenos de carácter estrictamente fisiológico, como quienes sufren de reflujo gastroesofágico o problemas de nocturia.

La buena noticia es que en términos de actividad cerebral pueden no ser tan importante las horas de sueño, sino la calidad de éste. Cuando me refiero a calidad no lo hago en términos de lo que conocemos como sueño profundo, sino a que la fase REM (Rapid Eye Movement) ocupe la mayor cantidad de nuestras horas de descanso. La fase REM o, para ser más preciso, los periodos REM durante el sueño dependen fundamentalmente del uso que le demos a nuestro hemisferio izquierdo durante las horas de vigilia; es decir que si durante el tiempo que estamos despiertos realizamos una mayor proporción de razonamientos lógicos, los periodos REM también serán proporcionalmente mayores durante nuestras horas de descanso.

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