Columnistas

Supersticiones y abusos

Las supersticiones, llamadas también abusos, forman parte de nuestra vida cotidiana

La Razón / Homero Carvalho Oliva

08:11 / 05 de febrero de 2012

Los diccionarios nos informan que las supersticiones son creencias contrarias a la fe católica y a la razón; sin embargo, forman parte de nuestra vida cotidiana. En el oriente, como en otros lugares, también se los llama abusos y hay gente que cree que muchos de ellos les han servido para curarse en salud, para evitar desgracias, para prevenir la mala suerte y para alejar las maldiciones o, por lo menos, para vivir más tranquilos luego de haber ejecutado una suerte de ritual para invocarlos. ¿Quién de nosotros, alguna vez,  no ha cruzado los dedos esperando una buena noticia?

Mi padre, Antonio Carvalho Urey, escritor, periodista y poeta, en su libro Visión del Beni, hizo una extensa recopilación de estos abusos, que se repiten en muchos lugares de Bolivia, de América Latina y, quizá, del mundo. De esa lista voy a mencionar algunos de los más curiosos: Para aquellos que quieran evitar la pobreza, se dice que no deben poner los zapatos con la punta para dentro, ni debajo la cama o poner el sombrero sobre el cubrecama. Si queremos que nos vaya bien en los negocios, debemos salir de la casa con el pie derecho. La muerte era presagiada por el silbo del silbaco, así como también el paso de un toro solitario balando en la noche significaba que el que lo escuchaba amanecía muerto.

Ahora, bien, para los hombres que sienten que su amor no es correspondido, deben poner un cacho de leque en el sitio donde la dueña de sus desvelos ha orinado; por supuesto que se hace muy difícil encontrar el espolón que estas aves llevan en las alas, pero si se sienten desesperados, dicen que este último recurso nunca falla.

Si no quieren que sus hijos sean andantes y se vayan para siempre de la casa, lo mejor es enterrar el ombligo del recién nacido en el umbral de la casa. En la fiesta de San Juan hay que aprovechar para huasquear a los árboles frutales y así no faltarán las frutas durante todo el año y, también, hay que huasquear a los petisos para que crezcan un poco.

Las molestas verrugas o quirichís se las hace desaparecer contándolas y metiendo un grano de maíz por cada verruga en una bolsita roja, luego hay que tirarla en la calle sin volver la vista atrás; al curioso que la recoge y la abre, se le prenden las verrugas ajenas. Para las visitas indeseables, que prolongan su estadía en nuestras casas, el santo remedio consiste en poner una escoba detrás de la puerta o echar un poco de sal al fuego, esto hará que el visitante sienta escozor por todo el cuerpo y por tal incomodidad se irá de inmediato.

Si ven que su pareja o un familiar se han puesto una prenda de vestir al revés, seguro que se va huir de la casa, así que atentos. Cuando en una conversación dos personas coinciden en la misma palabra hay que juntar los meñiques y aceptar ser “compadres hasta la muerte de un sucha”. Puede ser que usted, civilizado, postmoderno y cibernético, no crea en brujas, pero recuerde que de que las hay las hay, y a lo mejor ejercitando algunos de estos abusos le vaya mejor en la vida. Total, no pierde nada llevándolos a la práctica.

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