Columnistas

El Sur no sólo existe

Las experiencias del Sur están redefiniendo las ideas respecto de cómo alcanzar el desarrollo humano

La Razón / Lourdes Montero

00:01 / 15 de abril de 2013

Lo decía Benedetti y lo canta Serrat, el Sur también existe. El último Informe de Desarrollo Humano presentado por el PNUD no sólo afirma su existencia, sino da cuenta de una nueva realidad de la historia contemporánea: el ascenso del Sur.

¿Qué cambio histórico trae este ascenso? Lo central es la transición de un mundo compuesto por países industrializados y ricos, con una periferia menos desarrollada, hacia un nuevo equilibrio complejo y dinámico, con voces diversas y modelos heterodoxos. Bienvenida la diversidad de la mano de la incertidumbre, es el fin de las recetas mundiales.

El desarrollo humano alcanzado por países como Brasil, China e India pone en cuestión la noción de políticas “correctas”. El informe plantea que el éxito del Sur “no es el resultado de adherir a un conjunto específico de recomendaciones políticas, sino de implementar políticas pragmáticas que responden a las circunstancias y oportunidades locales”. Experimentar parece ser la consigna, y para ello sólo se plantean tres constataciones.

Un primer principio que parece impulsar el desarrollo humano en el Sur es contar con Estados fuertes, dinámicos y favorables al desarrollo. Para decirlo más claro, “un Estado que da poder y autoridad a la burocracia para la planificación e implementación de políticas”. De acuerdo, olvidémonos entonces de confiar en propuestas que impliquen un Estado mínimo regulador, confiando nuestro desarrollo a las fuerzas del mercado y la iniciativa privada. Sin embargo, es necesario también atender el desafío de una nueva institucionalidad estatal que nos proponga una estrategia concertada de desarrollo, burocracias eficientes y políticas apropiadas.

Un segundo factor clave identificado es la implementación de políticas sociales innovadoras. Y con esto se refiere a una variedad de esfuerzos y fuerte inversión pública dirigidos a promover la igualdad y la inclusión social.¿Quién puede estar en desacuerdo con esto? El énfasis está puesto en la universalidad de la educación y la salud; sin embargo nuestra experiencia demuestra que es tan importante la generalización como la calidad y en ello —hablando de Bolivia— tenemos mucho camino por delante.

Un tercer elemento común de los países de rápido desarrollo humano parece ser la apertura gradual al comercio internacional, acompañada de un cuidadoso desarrollo del mercado interno. Podemos acordar entonces que un nacionalismo endógeno es tan pernicioso como la consigna neoliberal de exportar o morir. El crecimiento de las exportaciones tradicionales debe ir necesariamente acompañado de políticas claras de inversión en las personas y las empresas nacionales (que no nos asuste la subvención), mejorando los niveles de productividad para aprovechar las oportunidades que podrían presentar los mercados mundiales; todo ello sin descuidar el mercado interno que, según el informe, “son cada vez más la principal fuente de crecimiento de los países del Sur”.

Es claro que económicamente el Sur precisa del Norte, pero cada vez más, el Norte también precisa del Sur, sobre todo de sus prácticas y aprendizajes. Las experiencias del Sur definitivamente están redefiniendo las ideas respecto de cómo alcanzar el desarrollo humano. Así, hoy más que nunca, como nos dijo Benedetti, con su esperanza dura y su fe veterana, el Sur también existe.

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