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El Sur

Si vamos hacia el sur, planifiquemos  un desarrollo urbano armónico e integral que dignifique ese sitio

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Villagómez

00:37 / 02 de febrero de 2016

La Paz, como toda ciudad, se expande hacia nuevas zonas rurales. De todas las áreas de crecimiento la más promisoria es el sur. O como decimos en lenguaje popular: Río Abajo. El municipio que alberga esas potenciales localidades es Mecapaca. Un enorme municipio con afanes expansionistas que apenas puede con su desarrollo urbano. Es uno de los municipios colindantes con La Paz que tiene problemas limítrofes que aplazan nuestra ansiada metropolización. Pero más allá de esos pleitos, me interesa comentar brevemente su potencial como área de expansión.

Hace tiempo que los paceños anhelamos una nueva vinculación hacia Cochabamba por Río Abajo. Ese anhelo es ahora casi una realidad, porque estamos iniciando con el proyecto de esa carretera un nuevo eje de desarrollo urbano. Sin duda, el más potente de todos.

Por el momento se transita por una sinuosa carretera de tierra que cruza nuevos puentes pasando por localidades conocidas como Avircato, Palomar, Huayhuasi, hasta llegar a cualquiera de los tres sitios de Huaricana. Un recorrido de algunas decenas de kilómetros por la típica naturaleza de nuestro valle andino: un amenazante río que serpentea entre bellas montañas grises y ocres, con muchas áreas de sembradío o chacras que dan, en esta época del año, una tonalidad muy encendida de verde. Una maravilla natural que hace soñar con un potencial desarrollo urbano paceño que tendría un clima benigno y una inmejorable altitud de valle.

Sin embargo, hay un enorme pero. Una realidad presente e inexcusable. Los poblados mencionados están en un estado de abandono extremo sin servicios públicos ni adecuados equipamientos básicos. Aparte de esas necesidades vitales, parecen pueblos en completo abandono con la típica imagen urbana de desidia o dejadez. Lo que hace décadas atrás eran bucólicos y placenteros pueblos, con un urbanismo y arquitectura contextualizados con la naturaleza, son ahora una muestra patética de nuestra malentendida modernidad y desarrollo. Es un paisaje urbano atroz de hormigón y ladrillo a medio construir, de construcciones desvencijadas, con calles en pésimo estado, ausencia de vegetación urbana, y un largo etcétera del muestrario más vil de nuestro desarrollo urbano; una repulsiva gestación de necesidades urgentes y angurrias inmediatas que olvidaron nuestro ancestral “vivir bien”. Al pasar por ahí te interpelas: ¿por qué construimos ciudades y poblados con tanta perversidad? ¿Cuándo se jodió la cosa?

Si vamos hacia el sur, planifiquemos con el mismo afán que le dedicamos a la fiesta, un desarrollo urbano armónico e integral que dignifique ese sitio. Más allá de un demagógico conformismo, seamos capaces, en este siglo, de construir una ciudad de verdad.

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