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Tabaré será el presidente de Uruguay

Según los especialistas, en el 97% de los casos suelen ganar quienes van por la reelección

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

02:09 / 07 de noviembre de 2014

Al conocerse la reelección de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil, la bolsa de Sao Paulo, la mayor de Latinoamérica, se derrumbó y la mandataria tuvo que prometer reformas promercado (propersonas, ya que el mercado natural no es sino su sumatoria) para tranquilizar a la gente. Prometió un Ministro de Economía más amigo del mercado, controlar la inflación y mayor responsabilidad fiscal, pero, seguramente, no cumplirá, ya que su sesgo populista-autoritario es difícilmente reversible. 

¿Cómo puede ser que haya ganado Dilma, quien heredó una economía que crecía al 7,5% y que, muy por el contrario, este año el PIB crecería cerca de cero y, si se descuenta el aumento poblacional, el PIB per cápita caerá? Ni qué hablar de la megacorrupción reinante sobre todo en la petrolera estatal Petrobras. Insólitamente, a pesar de que entre el 70 y el 80% de los brasileños pedía un cambio, según distintos encuestadores, al mismo tiempo el 92% de los electores piensa que los candidatos elegidos “no impulsarán los cambios necesarios”. ¿Por qué los votaron?

Sin embargo, el brasileño no es un caso único. Muchos han sido reelectos: Cristina Fernández, Daniel Ortega, Evo Morales, etc. Y casi todos alabaron los méritos de los reelectos y los medios salieron apresuradamente a decir que “el modelo era ratificado” en las urnas. Pero, ¿es así? ¿Todos los mandatarios han hecho tan buenos gobiernos que merecían la reelección? ¿No será que hay otra cosa detrás?

La gente no vota por ideas. Y no es que dude de que los políticos cumplan con sus promesas, sino que en el complejo modo en que las personas toman las decisiones, según los mejores científicos políticos, reside la clave. En primer lugar, las revoluciones no existen, bien podría decirlo Dilma, quien de joven militaba en un grupo extremista que la entrenó para montar bombas, pero que terminó ganando el poder porque representa la continuidad de un Lula no demasiado alejado del establish- ment. Es lógico, nada en el cosmos se desarrolla “revolucionariamente”, sino por lenta maduración como cualquier fruto. En consecuencia, las personas íntimamente, más allá del discurso, huyen de los cambios radicales. Pero más importante, dicen los mejores psicólogos políticos, es que la gente elige personas. Difícilmente se elige a una pareja, a una persona de confianza por sus ideas políticas. Esto explica los “personalismos” que llegan al punto, por caso, como la veneración a Hugo Chávez que ya es casi un culto religioso con imágenes por doquier y hasta con una versión del Padre Nuestro: “Chávez nuestro que estás en el cielo (...) y en nosotros, los y las delegadas...”. Por eso es importante el contacto personal, y como hacerlo con millones de electores resulta imposible, siempre gana quien llega de modo más directo, por ejemplo, a través de la televisión. Así existe una relación entre la cantidad de publicidad y la cantidad de votos.

Entonces, según los mejores especialistas, suelen ganar las elecciones en el 97% de los casos quienes van por la reelección. Porque hay intereses creados, como en la Rocinha, la favela más famosa, donde votaron masivamente por Rousseff por miedo a perder la subvención estatal, porque representan la continuidad y porque suelen tener mucha más publicidad al utilizar los medios estatales. De modo que el expresidente y oficialista Tabaré Vázquez seguramente resultará electo presidente del Uruguay, como sería reelecto cualquier otro candidato oficialista.

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