Columnistas

Templos y palacios

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:36 / 24 de mayo de 2018

Demasiado lujo”, dijo el novel cardenal boliviano al referirse al nuevo Palacio de Gobierno. Inmediatamente recordé las palabras de un gran amigo arquitecto que, con solvencia, me enseñó que al levantar una estructura toda autoridad busca sentar precedente del poder que ejerce, así como su perpetuación más allá de su propia existencia. Con esa idea se construyen edificios, castillos y templos; símbolos de quienes ejercen poder, como los bellos y magníficos ejemplos que al azar podemos citar: las catedrales de Notre Dame en París, la de Colonia en Alemania, la de Milán en Italia, San Basilio en Moscú, entre otras. Y lo propio ocurre con las construcciones del poder político, como el Palacio Real de Madrid (España), el Palacio de Versalles (Francia), el Palacio de Gobierno de Angola, el Palacio de Westminster (Reino Unido), el Palacio de Perú en Lima, la Casa Blanca en Estados Unidos…

En nombre del poder también se destruyen las construcciones dejadas por el vencido. Un ejemplo de ello es la catedral de Sevilla levantada sobre una mezquita, cuya estructura fue adaptada para edificar una catedral católica tras la expulsión de los moros. Lo mismo sucedió tras la llegada de los españoles a América, quienes encima de las wak’as (lugares sagrados) aymaras construyeron iglesias como las basílicas de Nuestra Señora de Copacabana, en la población del mismo nombre, o la de San Francisco en La Paz. Lo cierto es que el poder debía estar al lado del poder, por tanto, las catedrales y los palacios se construyeron uno junto al otro.

Al escuchar las palabras del cardenal también vino a mi memoria la mañana que tuve que levantar en 1965 la custodia en una iglesia, como parte de la ceremonia de Corpus Christi. Tenía 9 años y casi no pude hacerlo. Era de oro, pesaba muchísimo, apelé a la ayuda de todos los santos y a las alas que me colocaron como Ángel de los colegios para no dejarla caer y evitar así “arder en el infierno” por tremendo sacrilegio.

Cuando pasé por las puertas del Palacio Real en Bélgica, hace unos años, no pude dejar de pensar que toda esa grandiosidad, esa belleza, esos jardines provienen de la sangre, el sudor, y los miembros mutilados de los congoleses recolectores de caucho, y no del trabajo de quien gobierna desde esa tremenda construcción.

La arquitectura, como representación del poder, es un largo camino en la historia de la humanidad. Cada estructura está hecha con las manos de gente anónima que han hecho posible esas edificaciones, para sustentar el poder que ejercen otros, y no precisamente quien construye, si no quien manda. Hasta que alguien como Bertold Brecht pregunte “¿Quién construyó Tebas, la de las Siete Puertas? En los libros figuran solo nombres de reyes. ¿Acaso arrastraron ellos los bloques de piedra?”.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia