Columnistas

¿Tener paciencia?

Con estas actitudes, el buen ciudadano que uno lleva adentro empieza a desaparecer poco a poco.

La Razón (Edición Impresa) / Miriam Chávez / La Paz

00:56 / 14 de junio de 2015

Es temprano y la gente sale de casa para ir a sus fuentes laborales o a centros de estudio, como lo hacen cotidianamente. Todos caminan y corren de un lado a otro. En la avenida 6 de Marzo de El Alto la gente espera, impaciente, el transporte público. No hay filas, sino más bien un tumulto de individuos preparados para correr cuando vean acercarse un ejemplar de cuatro ruedas. La hora pasa y la prioridad es llegar puntual al lugar de destino.

Ante la cercanía de un vehículo del transporte público, empujones, pisadas y hasta codazos comienzan a surgir desde diferentes lados en procura de asegurarse un espacio en el motorizado. Como alguien alguna vez dijo: “hay que ir al gana gana”.  Este espectáculo se repite incluso si hay ancianos, mujeres o niños entre los que esperan. En una hora pico, por ejemplo a las 07.30, lo fundamental es abordar el auto y ya. Da lo mismo si el minibús  lleva a más personas de las permitidas o si los buses sobrepasan su capacidad de pasajeros; y eso que, de un tiempo a esta parte, muchos ya no cuentan con voceadores. ¿Qué posibilidades quedan ante esta arbitraria realidad si no podemos esperar, hasta media hora o más, a que arribe otro minibús vacío?

La situación es aún más caótica si intentamos abordar una movilidad debajo de las pasarelas en la Autopista La Paz-El Alto. En esos espacios, decenas de personas se congregan a la espera de que algún motorizado pare. Sin embargo, por lo general los vehículos se pasan de largo, salvo si un pasajero decide bajar.  Pero la cosa no acaba ahí. En demasiadas ocasiones los usuarios recibimos malos tratos de parte de los choferes y de los ayudantes, actitudes  relacionadas con la falta de educación. En este punto, los pasajeros no tenemos dónde acudir para denunciar estas actitudes, con la esperanza de que se corrijan.  

A ello cabe añadirle la falta de mantenimiento de los vehículos del transporte público. Muchos presentan serias falencias por ejemplo, no faltan los asientos rotos y desgastados, a tal punto que se ven los fierros y los alambres que los sostienen. En más de una ocasión se puede observar que las prendas de los pasajeros terminaban en girones después de engancharse con estos fierros, o cómo varias personas resultaban heridas por estas negligencias.  

Si un usuario tiene que enfrentarse cinco días a la semana (o a veces seis) durante todo el año con estos problemas, la paciencia empieza a agotarse, y el buen ciudadano que uno lleva adentro empieza a desaparecer poco a poco. Lo relatado anteriormente no debería pasarse por alto, es injustificable. La mejor respuesta ante esta situación es apostar por una mejor educación. Es necesario realizar filas y ser más ordenados a tiempo de abordar cualquier transporte público; y a la vez debemos exigir un mejor servicio a los choferes.

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