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Teoría y práctica del cacho

Los hermanos Loayza (con pasado en el cine de cortos) escriben a cuatro manos para traernos una amena historia de amor al juego y simpatía por los perdedores: siempre entrañables, siempre con mucha cintura para la ficción.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

00:19 / 09 de enero de 2014

De kenchas, perdularios y otros malvivientes es una novela de Álvaro y Diego Loayza, hijos del presidente de Bolívar (don Guido). La obra (editorial El Cuervo) retrata los bajos fondos de La Paz, donde en un futuro de distopía se ha prohibido el cacho, sus dados y el dulce flagelo del singani; monta tanto, tanto monta.

Los hermanos Loayza (con pasado en el cine de cortos) escriben a cuatro manos para traernos una amena historia de amor al juego y simpatía por los perdedores: siempre entrañables, siempre con mucha cintura para la ficción. La novela bebe de Quevedo y de la tradición paceña de nuestra literatura; por ahí salen “dormidas” y pókers del inevitable Saenz, “Alf” Cárdenas, Alison Spedding, “Huili” Camacho o “Piñas” Piñeiro; así, con apodos populares como los futbolistas, como los pelafustanes “cacheros” del libro.

De kenchas, perdularios y otros malvivientes no es una novela pretenciosa, es una obra ágil que entretiene y (se) ríe (de sí misma) con el goce epicúreo de la vida como único lema. ¿A quién le importan sus peros, sus voces extraviadas, su toque coral desigual, su fragilidad narrativa? Siempre nos quedará sentarnos con el “Mano Virgen” y el Quirito a tomar una papaya Salvietti para curar el “chaqui” y saborear otra derrota.

Ricardo Bajo es periodista.

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