Columnistas

Terrorismo de redes

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:12 / 16 de febrero de 2018

Una vez me dijeron que para hacer un atentado se necesitaban dos instrumentos: una bomba y una cámara de televisión. La primera no tendría efecto sin la segunda, pues el terrorismo siempre busca publicitar sus atentados. El martes de ch’alla lo comprobé, aunque hay que modernizar la sentencia. En realidad se requiere de un explosivo y de redes sociales que mientan a complacencia para crear el pánico.

Claro que en este caso hay muchos por qué sin responder. Por ejemplo, ¿por qué en martes de ch’alla cuando ya la gente se recogía a su hogar? ¿Por qué Oruro? ¿Y por qué un atentado con tantas víctimas si lo que se buscaba era nada más que el miedo? Bueno será que la Policía responda a estas preguntas.

Pero lo que más me cuestiona es cómo en tan poco tiempo pudo surcar el ciberespacio tal cantidad de audios y videos difundiendo mentiras a mansalva. Uno de ellos hablaba de 50 explosivos sembrados en Oruro. Otro decía que si uno abría la puerta de su casa, le arrojaban dinamita.

Otro más señalaba que un niño tenía amarrada a la mano la dinamita que había explotado en la avenida Cívica. Había quien aseguraba haber visto a personas disparando, y un largo etcétera.

¿Se trata solamente de mal entretenidos cuyos casos bien podrían ser tratados por psiquiatras? O por el contrario ¿hubo un complot de un grupo adiestrado para crear este tipo de psicosis colectiva? Ojalá fuera lo primero. Gente con problemas psicológicos ha existido siempre y, por desgracia, siempre existirá.

Pero la edición de algunos de los mensajes que hasta ponían efectos de balas y la rapidez con que se elaboraron hacen pensar que fueron hechos precisamente para suplir a la cámara de la sentencia con la que comienza este artículo. Se trata de usar las redes sociales (ese refugio de canallas, como diría el gran Umberto Eco) para amplificar la mentira. Y los nazis lo tenían claro cuando decían: “Miente, miente que algo queda”.

En general, los grandes medios de comunicación reaccionaron cautamente y sirvieron para tranquilizar a la población, demostrando que nunca podrán ser sustituidos por las redes sociales, pues éstas cada día pierden más confianza.

Y la conclusión: así como en colegio se enseña literatura, también habrá que enseñar a usar la tecnología, pero sobre todo a desconfiar de los mensajes que se envían a través de ella.

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