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Y The Strongest subió al ‘ring’

Para muchos el vencedor debió ser Firpo. Jamás una derrota había parido una leyenda.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo Herreras

02:07 / 12 de octubre de 2016

Han pasado cien años, pero los más veteranos de la ciudad todavía se acuerdan de Firpo, Luis Ángel Firpo, el gran campeón argentino de los pesos pesados. Fue el Messi de su época y con sus golpes y su pelo (al ras) impuso un estilo. Ha pasado un siglo y aún hoy en las viejas peluquerías de La Paz pueden verse fotos del mítico corte Firpo, el del “Toro salvaje de las Pampas” nacido en Junín.

La pelea del siglo por el título mundial de los pesados está por llegar: el 14 de septiembre de 1923 chocan Jack Dempsey, “el carnicero de Manassa”, campeón mundial desde 1919, y Luis Firpo, en el Polo Grounds de Nueva York. Firpo noquea a Kid Blackie en el primer round y lo saca del ring durante 17 largos segundos. Mientras 15 millones de argentinos festejan pegados a la radio, el público del Polo Grounds y el propio referee, Johnny Gallagher, ayudan a Dempsey a regresar al ring para ganar el combate por nocaut en el segundo round. Para muchos el vencedor debió ser Firpo. Jamás una derrota había parido una leyenda. Para los paceños aquella caída había elevado al boxeo hasta los cielos. Solo en un cuadrilátero de 12 cuerdas un humilde, honrado y trabajador sudamericano podía bajar al boxeador estadounidense más mediático de la época.

Ha estallado la fiebre del “box” y a La Paz llegan pugilistas chilenos, argentinos, peruanos y hasta costarricenses que retan a los nuestros, pesos livianos. El Boxing Club Royal del hotel Europa organiza funciones “académicas” y recuerda, vía anuncio de prensa, que “esta sociedad se compone de miembros de todas las clases sociales, no siendo cierto que solo pueden inscribirse elementos obreros”.

Entonces llega la otra gran pelea del siglo, por lo menos para los fanáticos paceños. César Franco, hermano del back de The Strongest y secretario del club, Víctor Franco, desafía a Andrés Plaza, fundador del Boxing Club de la calle Sucre 105 a diez rounds (de dos minutos cada uno) con guantes de diez onzas. Franco (56 kilos) representa al The Strongest Club y reta al campeón paceño de los pesos gallos de 58 kilos que venía de vencer a Froilán Pinilla, Alfredo Casals, Pastor Valenzuela de Oruro y Armando Montenegro de Cochabamba. El ganador se llevará los guantes del perdedor y el 60% de la recaudación, que en caso de empate partirán por mitad. El Teatro Princesa de la empresa Gabriel Camarasa es el lugar señalado. Las entradas para la gran noche pugilística de viernes (ring, un boliviano; general, 60 centavos) se venden en la sastrería Nueva York de la calle Socabaya.

La sala del Princesa en la calle del Comercio luce a rebosar y muchos paceños se han quedado fuera del primer gran combate de boxeo en la ciudad. En los tres preliminares la sangre corre a borbotones con peleas entre pugilistas del Boxing Club y de The Strongest Club. A la señal de la campana, en el match de fondo, Franco coloca un derecho que hace tambalear de inicio a Plaza. Un hermoso wing derecho llega al rostro del stronguista, quien hace gala de habilidad esquivando y bailando en una gran demostración de movimiento de pies. Los rectos de izquierda de Plaza y los intercambios de golpes, incluso con swing a las orejas, hacen avanzar los rounds. En el séptimo, temiendo un empate, Plaza aprovecha su mayor corpulencia y conecta varios buenos golpes cortos que hacen brotar la sangre en el rostro de Franco. El K.O. del campeón paceño contra el aspirante de divisa amarilla y negra parece estar cerca. Pero César Franco se recupera del castigo gracias a su mejor forma física y aguanta propinando upper cuts certeros. Al término del décimo round, el referee, R.L. Blecher, da por finalizada la pelea. Su fallo coincide con el del jury: es un empate.

El boxeo, dijo una vez Julio Cortázar, es el más noble enfrentamiento: “Son dos destinos que se juegan el uno contra el otro, sin chance de esconderse como en los deportes de equipos; en el boxeo un hombre vence a otro, gana porque es mejor o porque hizo mejor las cosas”. Aquella noche de viernes en el Princesa, el stronguista César Franco estrenó su flamante corte Firpo de la suerte. Y jamás un empate supo tanto a una victoria.

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