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El Titicaca, mientras tanto

Medio siglo de contaminación ha provocado graves daños ambientales en el lago Titicaca

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

03:21 / 09 de enero de 2016

El año llegó con buenas noticias para el lago navegable más alto del mundo, el Titicaca. Los ministros de Medio Ambiente de Bolivia y Perú le pusieron la firma a un compromiso de acciones para su recuperación ambiental y diversidad biológica. El plan, resumido en una publicación de 42 páginas, es resultado de la voluntad política definida en el encuentro presidencial y primera reunión del gabinete binacional de ministros del 23 de junio del año pasado, realizado en una de las islas del lago de agua dulce más grande del continente.

El plan compromete por 10 años   a los gobiernos de ambos Estados que deberán aportar al menos $us 150 millones, pero también a la cooperación internacional. Es ambicioso, aunque en este caso cualquier meta exagerada siempre quedará corta, ante el daño que el ser humano ha provocado a todo el ecosistema que compromete además de ríos y del Titicaca, al lago Poopó, ahora en desgracia por una dramática sequía.

El acto oficial del compromiso de los ministros de Medio Ambiente de Bolivia y Perú sirvió para conocer datos terribles: en toda la zona altiplánica del sistema del Titicaca la contaminación empezó hace medio siglo. Peor aún, la temperatura aumentó en dos grados Celsius en las últimas décadas, lo que acelera la evaporación del agua y nos advierte que la sequía será mucho más que una anécdota. Significa que en esta zona el calentamiento global superó la media de 1ºC que preocupa a toda la humanidad y ya provocó 21 cumbres convocadas por las Naciones Unidas. Medio siglo de contaminación ha provocado la desaparición de varias especies nativas, sobre todo peces y anfibios, y otros graves daños ambientales. Además la totora, el filtro natural a la contaminación de las aguas, se repliega cada vez más.

Mientras empieza a ejecutarse el ambicioso plan, que incluye estudios para actualizar el deterioro, algunos pequeños detalles podrían empezar a purgar nuestra culpa por haber llegado a los extremos actuales. Por ejemplo, colocar basureros en las playas donde hay poblaciones y turismo; que los estudiantes de la pre y la promoción nos enseñen a comportarnos ante el lago, mediante vigilias los fines de semana. Un simple detalle como el devolver la basura a su dueño; que un niño o una joven estudiante nos dé alcance con la basura que acabamos de tirar y nos diga: “Señor, se le cayó esto” para que sepamos que los desechos tienen su lugar. Todo acompañado de la recolección de la basura existente en playas y orillas de las aguas.

¿Cuánto cuestan esos pequeños detalles? Casi nada, para una maravilla natural de más de 8.000 kilómetros cuadrados (176 km de largo por 70 km de ancho), con una profundidad máxima de 283 metros, a 3.810 metros sobre el nivel del mar. Las leyendas dicen que el Imperio Incaico nació en la Isla del Sol. Además, en el Titicaca germinaron culturas prehispánicas como los chiripas, wankaranis, tiwanakotas, incas y aymaras. Ahora mismo más de tres millones de personas, bolivianas y peruanas, dependen directamente del lago Titicaca. ¿Y a qué le viene tanto dato sobre el lago sagrado de los incas y uno de los diez humedales más antiguos del planeta? Pues, a que lo que no se conoce, no se ama.

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