Columnistas

Todas y todos con Al-Azar

La ANP emitió un curioso ‘llamado fraterno al diálogo y la comprensión mutua entre partes’

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Exeni

00:00 / 23 de marzo de 2014

Las “fuerzas vivas” de la orureñidad —sus autoridades, más bien— están indignadas. Dicen que atentaron contra su Carnaval, su devoción, su fe. Exigen como desagravio, lo menos, una cabeza. Dan plazos perentorios y amenazan con medidas terribles. ¿Indignadas por la caída de una pasarela que causó muerte y luto en el Carnaval? ¿Por la ausencia de responsables de esa tragedia? ¿Por la continuidad de la fiesta sobre los escombros? ¿Por la indolencia con banda? No. Están indignadas ¡por una caricatura!

Vea usted. En su edición del 6 de marzo, La Razón publicó una ilustración del apreciado artista plástico Alejandro Salazar (Al-Azar). El dibujo está compuesto por tres diablos y dos músicos en primer plano, y de fondo una decena de felices rostros del público. Un cartel en la parte superior dice: “Bienvenidos al Carnaval de Oruro”. Todo es música, danza y celebración. Excepto que los personajes son calaveras. Para mi gusto es un inmejorable retrato de lo que ocurrió hace poco en el Carnaval orureño.

¿Cómo reaccionaron las autoridades de aquel departamento y algunas de sus organizaciones? Cinco cartas difundidas en este diario son el mejor testimonio de lo que ocurre cuando la intolerancia y el fundamentalismo, feos-feítos-feos, se miran en el espejo. Son cartas del Gobernador, la Alcaldesa, el presidente del Concejo Municipal, el presidente del Comité Cívico y la Federación Departamental de Cooperativas Mineras. Todos ellos convencidos de que rompiendo el termómetro les bajará la fiebre.

El alegato de los airados escribientes es el siguiente: el Carnaval de Oruro es majestuoso, máxima expresión del folklore nacional, único en el mundo, patrimonio de la humanidad… etcétera. Y en efecto, salvando ombligos, es una fiesta anual fastuosa y muy admirable. El artificio surge cuando juran que la caricatura de Al-Azar “atenta, denigra, humilla, ofende” no solo al Carnaval, sino “a todo un pueblo” (sic). ¿Se imaginan? Como si los dibujos, no las pasarelas recicladas, mataran.

Entonces, hay danza de adjetivos e insultos. Omitiendo que la noche de la tragedia se continuó bailando tras levantar muertos, cascajo y heridos, estos personajes ahora se sienten ofendidos con una ilustración que califican como “grosera, exagerada, burlesca, atentatoria, maliciosa, mezquina, destructiva, irrespetuosa, regionalista…”. Qué tal. ¿El retrato duele, no gusta? ¡Eliminemos al dibujante! Lo que sigue es un rústico catálogo de exigencias y, claro, amenazas.

¿Qué demandan las irritadas autoridades orureñas y sus cooperativistas mineros? Además del “desagravio correspondiente”, quieren la “respectiva aclaración” y, claro, una satisfacción pública (oral y escrita). Exigen también sanción para Al-Azar “empleando la ley para sentar un precedente”. Ufa. ¿Y si no se cumplen sus exigencias en 48 horas? “Se verán forzados” a tomar medidas drásticas. O peor: “si vemos circulando La Razón en Oruro, los vamos a quemar hasta que pidan disculpas”. Menos mal que respetan a los medios.

Ante semejante acometida, lo menos que uno podría esperar de la entidad que agrupa a los diarios del país: la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), es que salga en veloz y firme defensa de su asociado. ¿Qué hizo la ANP, siempre tan diligente en la defensa de las libertades de expresión y de empresa? Sea por temor, sea por conveniencia (o ambas causas), emitió un curioso “llamado fraterno al diálogo y la comprensión mutua entre partes” (recontra sic). No lo quemes: chárlense.

Menos mal que hay muchos artistas en el país y la región que sin hacer ningún cálculo mezquino salieron pronto en respaldo del buen Alejandro Salazar con una intensa/creativa campaña en las redes sociales. Así, mientras la Alcaldesa de Oruro hace una fétida amenaza (“si alguna vez —el dibujante de marras— aparece por esta ciudad será tratado con desdén y descortesía”), nosotros sus admiradores y amigos suscribimos-respondemos: “Todas y todos con el Conejo Al-Azar”.

Es comunicador.

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