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Trabajo invisible

El cuidado humano se ha asentado en el trabajo no asalaria-do, invisibilizado y despojado de valor

La Razón / Lucía Sauma

00:11 / 03 de mayo de 2012

No, yo no trabajo. Soy ama de casa nomás”. Esta frase típica de muchas mujeres, refleja la invisibilización y desvalorización de un tipo de trabajo fundamental para la reproducción de la vida. Alguien tiene que ocuparse de los niños, de los enfermos y ancianos. ¿Puede un ser humano vivir sin alimentarse? ¿Qué pasa si nadie se ocuparía de limpiar, lavar, ordenar? Estos son trabajos sin los cuales no podríamos vivir, y que el sistema económico vigente ha desconocido como trabajo, por el hecho de no estar monetizado.

Los ciclos del cuidado humano se han asentado fundamentalmente en el trabajo no asalariado, invisibilizado y despojado de valor, además de otorgado mayoritariamente a las mujeres. La economista alemana María Mies utiliza la metáfora de un iceberg para demostrar esta situación. Es visible“una parte del iceberg que aparece sobre el agua, representando únicamente el capital y el trabajo asalariado, y, otra parte, bajo el nivel del agua, invisible, el trabajo doméstico gratuito de las mujeres. Se puede decir que todas las teorías tradicionales sobre nuestra economía solamente tienen en cuenta la cumbre del iceberg, limitándose a la venta de la fuerza de trabajo del adulto, generalmente masculino, por un salario”, señala.

El trabajo no asalariado, asegurado por la mujer o la madre del trabajador, no aparece ni en las estadísticas de los capitalistas, ni en las de los Estados, ni en la teoría de Marx. De hecho, este trabajo de reproducción se concibe como un bien gratuito y natural, que implica “la instrumentalización de las mujeres como complemento necesario para la proletarización de los hombres”, como concluye Mies.

La Constitución Política del Estado en su artículo 338 dice: “El Estado reconoce el valor económico del trabajo del hogar como fuente de riqueza y deberá cuantificarse en las cuentas públicas”. Esto significa sentar las bases de un sistema económico donde el centro es la defensa de la vida en todas sus esferas y donde el trabajo no remunerado es considerado como generador de riqueza.

El reconocimiento efectivo del trabajo no asalariado del hogar es una deuda histórica que debe ser cubierta con la implementación de medidas urgentes, como la obtención de información acerca de la contribución de las mujeres con su trabajo no remunerado a las cuentas públicas; la realización de la encuesta sobre el uso del tiempo, que podría incluirse en la boleta del censo; o implementar políticas públicas como el pago de una pensión en reconocimiento al trabajo de cuidado no asalariado.

No se trata de reivindicar un salario familiar, porque esto significaría mercantilizar la tarea de reproducir la vida. De lo que se trata es de otorgarle su justo y verdadero valor como trabajo.

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