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Tramas

Detrás de la realidad oficial, pero aparente, se esconde otra ‘realidad’ profunda, sórdida y amenazante

La Razón / Jorge Komadina Rimassa

00:29 / 02 de agosto de 2012

Fue mera casualidad que Gerson Rojas Terán tuviera un accidente automovilístico el 17 de junio de 2012. Los policías que investigaron el caso encontraron ciertos documentos sospechosos que los condujeron —¡Bingo!— a una caja de seguridad que contenía dinero, recibos y comprobantes de grandes depósitos bancarios. Fue también inesperada, y trágica, aquella jornada del 27 de enero de 2009 cuando un grupo de sicarios asesinó a Jorge O’Connor y destapó una trama de corrupción en cuyo centro estaba uno de los hombres fuertes del Gobierno.

¿Estamos leyendo las noticias del mundo político o el arranque de una novela policial? ¿No resulta curioso que la palabra ‘trama’ signifique a la vez confabulación real y enredo novelesco? Sea como fuere, en ambos casos las tramas de corrupción (de alto vuelo) no fueron descubiertas por medio de los controles institucionales (el Ministerio de Transparencia, la Contraloría, etc.), es gracias al azar que se revela la punta del ovillo que conduce al dinero.  Pero esas analogías narrativas no son tan inquietantes como la hipótesis de que puedan existir aparatos de poder paralelos a la institucionalidad estatal.

Los funcionarios que forman esas redes o tramas son parte del Estado, pero utilizan el poder para su beneficio personal. En apariencia son servidores ejemplares y eficientes, pero en el fondo su actividad es delictiva. ¿No sugiere esta connotación la existencia de una realidad aparente (la representación social construida por el propio Estado) detrás de la cual se esconde “otra” realidad? 

¿Es posible que un grupo de funcionarios públicos permita que una empresa acumule un poder tan grande que le permita cumplir simultáneamente los roles de cotizador, constructor y fiscalizador, que por definición jurídica y sentido común son incompatibles? En la Bolivia que imaginan nuestros actuales gobernantes todo eso es obviamente imposible, pero en la “otra” Bolivia esas travesuras suelen suceder.

La lectura de un espléndido libro del sociólogo francés Luc Boltanski (Enigmes et complots, Gallimard, 2012) me ha ayudado a comprender mejor este enredo. Dice el autor que la emergencia y desarrollo de la sociología (entre los siglos XIX y XX) es concomitante con la formación de la novela policial. De hecho, ambos “géneros” tienen similitudes fascinantes. Una de ellas es su manera de aprehender la realidad social por medio de la investigación, encuesta es en verdad un término policial; la otra es, justamente, la permanente sospecha de una doble realidad: detrás de la “realidad oficial”, pero aparente, se esconde una “realidad” profunda, sórdida y amenazante, pero tanto o más real que la primera.

¿Cómo ir y venir de la trama “aparente” a la “profunda”? Cherchez l’argent , dirían Pierre Bourdieu y Hercule Poirot.

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