Columnistas

Transformar la Justicia

Los cambios en un sistema podrido e injusto no sirven, por eso el fin debería ser transformar la Justicia

La Razón (Edición Impresa) / Milton Mendoza

00:03 / 25 de julio de 2015

El  9 de abril se celebró 100 años de la publicación de La metamorfosis, de Franz Kafka. Los mares de tinta, las montañas de papel que este relato ha generado a través de artículos, reseñas y nuevas ediciones quedaron finalmente a la zaga de una vieja controversia sobre esta mítica narración, que este año tampoco pudo resolverse.

El título en alemán Verwandlung debería ser traducido correctamente como Transformación, y así lo hizo Jorge Luis Borges en la traducción que entregó a la editorial Losada; pero, de acuerdo con la primera traducción anónima publicada en la Revista de Occidente en los años 20, la editorial se decantó por el título La metamorfosis, sin considerar que en alemán la palabra metamorphose es utilizada para identificar las fábulas. Por lo tanto, La transformación es, a todas luces, el título más apropiado. Sin embargo, la popularidad del citado relato no admite ahora otra denominación que la que se le conoce.

La introducción anterior viene a propósito de varias referencias públicas realizadas por políticos, entendidos en el asunto y los clamorosos pedidos de diversos sectores de la sociedad civil por un cambio en la administración de justicia del país. Ahora bien, sin querer entrar en un juego de palabras al estilo de los expertos que trataron La metamorfosis de Kafka, debemos puntualizar que el termino más apropiado para este trascendental cometido sería el de “transformación”, porque, en estricto sentido, la palabra cambio, según los buenos diccionarios, se refiere más a una acción de traslado, reforma o trueque. En cambio, la palabra transformación indicaría una conversión de ciertos tipos de estructuras por medio de reglas específicas; que es lo que se busca con la Justicia del país. Además, para alcanzar la nueva administración de justicia que se busca hace falta una transformación de las estructuras del Órgano Judicial, porque las que existen están corroídas. Es decir, que se deben transformar los actuales mecanismos de administrar justicia, erradicando el sistema inquisitivo e implantando un sistema de administración moderno que responda a las necesidades de esta nueva generación, atendiendo efectivamente, no con meros discursos, los oprobiosos males como la retardación, la corrupción generalizada, el buhonerismo judicial, la excesiva carga procesal y la intromisión política, institucional, gremial, económica y de otra índole; en suma, hay que transformar el método y al individuo.

Los cambios en un sistema podrido, decadente e injusto no sirven. Transformación, no cambio ni reforma judicial, ése debería ser el propósito.

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