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Transmitir la confianza de China al mundo

Juntos podemos crear un futuro más próspero y equitativo para el desarrollo de la humanidad.

La Razón Digital / Wu Yuanshan

00:29 / 12 de agosto de 2016

El 27 de junio se celebró el décimo Foro de Davos de verano en la ciudad china de Tianjin. El tema principal del encuentro, “La cuarta revolución industrial y su impacto transformador”, ofreció una nueva visión, más previsora y relevante, de la economía. Durante el discurso de inauguración, el primer ministro Li Keqiang indicó que en la etapa de transición que actualmente atraviesa China, las fluctuaciones de crecimiento a corto plazo son difíciles de evitar, pero nuestra economía no va a sufrir un “aterrizaje forzoso”, y agregó que todo indica que vamos a lograr los principales objetivos de desarrollo económico y social trazados para este año.

Esto ha sido posible porque, en primer lugar, ante la sostenida presión bajista de la economía, en lugar de recurrir a un fuerte estímulo indiscriminado, China ha explorado modelos nuevos de control de la macroeconomía y ha impulsado vigorosamente una reforma estructural. Gracias a ello, el PIB chino creció 6,7% en el primer trimestre de 2016, y ha mantenido un crecimiento constante en el segundo trimestre. Según un sondeo realizado en mayo, la tasa de desempleo de las 31 ciudades principales del país fue de 5,02%. Asimismo China ha mantenido un desarrollo económico estable, situándose entre las primeras economías mundiales en términos de velocidad de crecimiento, y ha hecho avances positivos en el ajuste estructural.

En segundo lugar, los fundamentos de la economía china han permanecido sin cambios, y se prevé que nuestras políticas macroeconómicas van a mantener la continuidad y la estabilidad. Frente las actuales complejidades y fluctuaciones en los mercados financieros internacionales, vamos a seguir innovando medios de macrocontrol, aplicando una política fiscal activa y una política monetaria prudente, canalizando más recursos en áreas de la nueva economía que sirven para promover la transformación y modernización económica; y también vamos a impulsar un régimen de tipo de cambio administrado variable, en función de la oferta de divisas y con referencia a una canasta de monedas.

El ratio de la deuda actual para el Gobierno chino se situó en torno al 40%, y solo el 16% corresponde al Gobierno central, uno de los porcentajes de deuda más bajos entre las economías importantes. Además, la alta tasa de ahorro en China significa un enorme potencial para el desarrollo de los mercados de capitales de varios niveles; también significa un mayor margen para la mejora de los métodos de regulación financiera y la distribución de recursos monetarios. No solo tenemos suficientes instrumentos de política monetaria y fiscal para mantener un buen desempeño económico, sino también una fuerte capacidad para prevenir los riesgos sistémicos o regionales.

En tercer lugar, la economía china cuenta con un enorme potencial, ventajas competitivas, espacio amplio y una perspectiva brillante. China tiene un gran volumen de mano de obra: 900 millones de trabajadores, de los cuales 170 millones han recibido educación o formación superior en habilidades profesionales. Cada año se gradúan más de 7 millones de profesionales en las universidades y más de 5 millones en las escuelas secundarias de formación profesional. Ocupamos el primer lugar en el mundo en cuanto al número de profesionales en áreas científicas y el segundo lugar en cuanto a la inversión de investigación y desarrollo, con más de 1 billón de renminbis (moneda china de curso legal) para el año pasado. China es la segunda economía mundial, posee la mayor industria manufacturera del mundo, es una potencia comercial de bienes y servicios, y un importante destino y fuente de inversión extranjera. Todo esto hace de China un mercado emergente significativo con mayor potencial de crecimiento. Por todo ello, vemos con optimismo el estado actual de la economía china así como su porvenir.

Desde que la crisis financiera internacional estalló en 2008, los países recurrieron a diversos instrumentos de política monetaria para luchar contra la crisis y estimular el crecimiento. Ocho años después, la recuperación de la economía mundial ha quedado muy por debajo de las expectativas: el comercio y la inversión han sufrido una severa depresión, los mercados financieros y de materias primas han experimentado turbulencias recurrentes, las perspectivas de crecimiento de las economías desarrolladas y emergentes son divergentes, y los riesgos geopolíticos y factores desestabilizadores se están incrementando. Para promover la recuperación económica mundial y el crecimiento de todas las naciones, hay que llevar a cabo una reforma estructural activa, acelerar la transformación económica y ejercer una gobernabilidad global eficiente y ordenada.

China trabajará con los diversos países para aprovechar las oportunidades que brindan la nueva revolución tecnológica e industrial. Juntos podemos promover la recuperación y estabilidad de la economía mundial, a través de la transformación y modernización de los factores de intercambio, con el propósito último de crear un futuro más próspero para el desarrollo de la humanidad. 

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