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Transparencia I: Ama llunk’u

La Razón / Xavier Albó

00:00 / 23 de diciembre de 2012

Desde la perspectiva del canciller Choquehuanca, el magno encuentro de la Isla del Sol tiene mucho de sana sana: limpiarnos de lo que nos corrompe y emponzoña para cargarnos, en cambio, de una nueva energía y mística. Es algo que encaja bien con todo el espíritu navideño, aunque uno y otro corren también el riesgo de desvirtuarse y reducirse a un costoso show.

En esta columna y la próxima ensayaré dos aportes asociados a la necesaria transparencia de la cosa pública. Los primeros tres principios ético-morales que propone el art. 8 de nuestra CPE para la construcción de la sociedad plural son la clásica trilogía inca ama qhilla, ama llulla, ama suwa. Es una fórmula quechua muy telegráfica que significa “no [seas, seamos, hay que ser….] flojo, mentiroso, ladrón. Son claros, por lo que aquí resaltaré, más bien, un cuarto criterio: ama llunk’u, incorporado sobre todo por los kataristas ya desde los años 70.

Ama llunk’u significa: “no [seas…] servil, adulón, zalamero, chupa, sobador…”. El sentido inicial de llunk’uy, en quechua, es “lamer, relamer con la lengua o los dedos”.

Los kataristas lo añadieron sobre todo como cautela frente a la tendencia de tantos a hacerse dependientes serviles de otros sin usar su propio juicio y conciencia crítica. Así, los más se habían adherido durante años al Pacto Militar Campesino; y, cuando resurgió la lucha por la democracia, algunos se apegaron a diversos partidos políticos y/o roscas sindicales más por oportunismo que por convicción.

Jenaro Flores, padre del katarismo y de la CSUTCB, en una ocasión me contó que, cuando negociaban ser reconocidos por la COB, observaba que Lechín u otros dirigentes llamaban a alguno de esos llunk’us, le pasaban plata y le pedían: “Compañero, ¿me lo puedes comprar unos cigarrillos? —“¡Cómo no, compañero Lechín!”. Él se dijo: “Entraremos en la COB pero no para comprárselos sus cigarrillos”. Efectivamente, un día Lechín le dijo: “Compañero Jenaro, ¿me lo puedes comprar unos refrescos?”. Le respondió: “Con mucho gusto, compañero. Pero primero, tú ¿me lo puedes lustrar mis zapatos?”.

Cuando el katarista Víctor Hugo Cárdenas se posesionó como el primer vicepresidente aymara, prometió regirse por la clásica trilogía inca, pero añadió ya este cuarto precepto del katarismo: Ama llunk’u. Por esas ironías de la vida y de la sabiduría popular, él mismo, tan allegado al Goni, recibió después el apodo de llunk’u.

En el curso de este año, el Ministerio de Transparencia Institucional y Lucha contra la Corrupción ha trabajado diversos documentos para fortalecer la dimensión ética moral de los servidores públicos y, después de diversos eventos, ha tenido la feliz idea de incorporar también ese cuarto principio en sus políticas. Muy oportuno: un servidor público no debe ser servil. 

Ll’unku es el que tiene como su norma central halagar y obedecer a ciegas lo que le pida su amo, sin cuestionar nada, tragándose todos los sapos que haga falta con tal de que el amo quede satisfecho. Puede ser por simple servilismo o por un cálculo frío para lograr sus propios objetivos.

Es distinto de ser leal, fiel, mantener la disciplina partidaria o la obediencia debida. Pero la línea divisoria no siempre es clara y menos aún en quienes detentan el poder. Los “levantamanos” del Legislativo, ¿serán lo primero o lo segundo?

Seguiremos en la próxima columna.

Es antropólogo, lingüista y jesuita.

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