Columnistas

Transporte y ciudad

El ruido extremo que existe en las calles representa una agresión a los nervios, a los oídos y a la salud en general.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 18 de enero de 2018

En los últimos años, la ciudad de La Paz ha experimentado diversas propuestas de cambios positivos referidos al transporte público, a pesar de la infinidad de problemas topográficos con los que cuenta. Esto supuso que esos planes fuesen cualitativamente seleccionados para ese fin. Sin embargo, pareciera que aún falta que sean enfocados cuantitativamente. Hecho que resulta importante para la economía de la ciudadanía, debido a su interacción espacial entre el trabajo, la vivienda y demás.

Un punto fundamental a tomar en cuenta es que la geografía de la urbe exige diversos tipos de transporte, como los teleféricos, los buses PumaKatari y hasta los temidos minibuses, cuyos tramos y líneas debieran estar claramente exhibidos, como parte de una planificación ordenada del transporte público. Actualmente, la mayoría transita solo por la ruta troncal, creando un caos absoluto debido al número y libre albedrío en su paso por ese sector, lo que resulta desesperante para el transeúnte.

No sobra recordar que en muchas ciudades el transporte público debe transitar por el lado derecho de las calles; norma que si fuera respetada, lograría organizar esta urbe. Con todo, la educación vial siempre será necesaria, tanto para choferes como para usuarios.

Asimismo, el cruzar las avenidas hoy atemoriza al ciudadano; lo que confirma lo peor de esta ciudad: el ruido extremo que existe en las calles, el cual representa una agresión a los nervios, a los oídos y a la salud en general. Por otra parte, el transporte público también debiera contar con pequeños mapas que sean útiles para el usuario, detallando el recorrido y las conexiones en los puntos de la ciudad. Aunque estamos conscientes de que esto no es nada sencillo, constituye un servicio muy necesario para el conocimiento de enlaces e interconexiones de los distintos tipos de transporte y tramos de redes.

Si bien hasta aquí hemos abordado el transporte público, resulta necesario, por su importancia, tratar además lo que produce el teleférico en la ciudad, ya que con sus torres comenzó a agredir a ciertas avenidas. Pues en algunas de ellas han sido instaladas aquellas sin estudiar su ubicación en sectores de segundo plano visual, procurando evitar que sus grandes dimensiones sobresalgan y atenten contra la armonía de los conjuntos urbanos. O, en su defecto, con algún otro tipo de mitigación.

Un ejemplo de ello se encuentra en la Avenida del Poeta. Recordemos que este espacio forma parte del Parque Urbano Central, un lugar de esparcimiento ciudadano que hace algunos años (a partir de un estudio paisajístico de la GTZ) logró dotarnos de bellos rincones cerca de la gruta instalada en esa vía, donde árboles de distintas especies, alturas y colores alegraban a quienes los contemplaban desde los vehículos; pues era incómodo pasear por allí debido al olor fétido que desprendía el río Choqueyapu, que aún no había sido embovedado. Pese a todo, aún existen algunos árboles que sobresalen como atractivo en ese conjunto natural. Pero hoy allí también se alzan dos enormes edificaciones que unen las líneas Celeste y Blanca del teleférico, cuya presencia y conexión, si bien es necesaria, no fueron diseñadas adecuadamente en cuanto a su dimensionamiento (en el caso de la segunda, debió estar más cerca del cerro adyacente).

Es evidente que el teleférico, a gusto o disgusto de algunos, evidencia que La Paz va camino a convertirse en una ciudad cuyo transporte transitará por los cielos, lo cual le otorga ya una identidad singular. Empero, será relevante que nos permitan también transitarla, respirarla y observarla sin grandes obstrucciones visuales en las calles.

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