Columnistas

Transporte público

Los PumaKatari  trajeron orden en el transporte, algo que faltaba sobremanera en esta ciudad

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

00:00 / 15 de mayo de 2014

El transporte ha colaborado en el cambio de vida del habitante de La Paz y su territorio. Sorprende conocer cómo desde 1890 existieron propuestas, por ejemplo, sobre la construcción de un ferrocarril urbano. Si bien aquello no prosperó, en 1900 funcionaba la línea del ómnibus jalado por mulas. Lo singular fue la apertura de vías para su tránsito: cuatro transversales y cuatro longitudinales que cubrían los límites de la ciudad de entonces. De igual manera surgieron otros proyectos como el Trolley Aéreo (Siemens y Halske), que ofrecía ser “instalado a una altura suficiente para no incomodar al vecindario”.

Fue recién en 1909 cuando La Paz inauguró con júbilo el nuevo servicio de los tranvías. Ese hecho, que cambió el orden espacial y temporal de la ciudad de entonces, fue reflejado en la prensa con estas palabras: “Los carros confortables y de elegante estilo se dejan ir por las calles y avenidas llenos de pasajeros que suavemente tendidos sobre sus asientos miran a través de las ventanillas el paisaje incoherente de la ciudad pintoresca como en una visión fotográfica” (El Diario, julio 1909).

Ciento cinco años después y luego de varias experiencias poco gratas con el transporte público, es posible apreciar cómo la población —en los recorridos de antiguas y nuevas geografías paceñas— transmite satisfacción cuando se traslada cómodamente en los buses PumaKatari. Sin embargo, estos últimos también han despertado comentarios (orales y escritos) acerca de la deficiencia en la calidad de ciertos detalles mecánicos y su lugar de fabricación, aspectos cuya responsabilidad únicamente pertenece a quienes los eligieron.

Lo fundamental, en el caso de la ciudad, es el valor y la utilidad para la vida del ciudadano de a pie, aquel que tiene que recorrer varios kilómetros para poder encontrar espacio en algún minibús, donde quepa su cuerpo y no sufra incomodidades. ¿Pero, qué efectos trajeron consigo los exitosos PumaKatari? Nombraremos uno solo: orden, algo que faltaba sobremanera en esta ciudad. Orden porque se cumplen rutas, se respetan las paradas y lo fundamental: la ciudadanía se educa y espera su turno para ingresar al bus.

Independientemente de aquello, lo paradójico es evidenciar que el lugar en el que más éxito tiene este servicio es en la zona Sur, donde su espera arranca expresiones como “ahí viene el pumita”.  Motivo suficiente para no olvidar, sin embargo, que ese éxito se convierte en un desafío: comenzar a pensar en planificar un transporte eficiente combinable entre sí, que parta por ejemplo desde el teleférico y tenga conexiones con otro transporte. Así, las largas rutas se complementarían con trayectos intermedios realizados (en esos casos) por los PumaKatari mientras que los motorizados pequeños cubrirían los tramos restantes en los extremos de la ciudad. Algo lamentable para la definición de una interesante propuesta de redes de transporte en La Paz fue negar y evitar la llegada de la Línea Verde del teleférico hasta el parque Las Cholas, punto estratégico y de conexión con el valle de Río Abajo, cuyo crecimiento urbano es muy importante.

La ciudad se la construye día a día y dentro de esa tarea se encuentran las soluciones a un tema siempre preocupante: el transporte público. En esta ocasión, un primer resultado (los PumaKatari) llegó apoyado por el aprecio incondicional de la ciudadanía.

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