Columnistas

Transporte para viajar bien

No hubo ningún período en el que los transportistas hayan sido respetuosos, amables, considerados.

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes Carvajal

00:00 / 09 de febrero de 2014

El transporte indudablemente vive un momento de cuestionamientos profundos. Es necesaria una reflexión amplia al respecto y eso es lo que pretendo realizar. Como nunca tuve carro (al igual que la mayoría de las bolivianas) mi enfrentamiento en este tema es directamente con los choferes del transporte público y sus abusos. No hubo ningún período en el que los transportistas hayan sido respetuosos, amables, considerados. Salvo muy pocas excepciones, la mayoría son abusivos.

En las dictaduras eran el colmo. Además de haber apoyado a los dictadores y haber sido la base social de esas dictaduras, eran abusivos. En la época neoliberal, el número de vehículos del transporte público se incrementó considerablemente; no tengo datos, pero se ha dado un verdadero boom en las calles.

Muchos compañeros mineros fueron despedidos por el DS 21060. El dinero de su liquidación lo depositaron en financieras que luego estafaron a sus clientes, dejándolos en la desesperación, incluso al borde del suicidio, pero un buen grupo de extrabajadores compró minibuses para trabajar. Había la esperanza de que al convertirse en transportistas, los exmineros y otros trabajadores afectados  por el neoliberalismo iban a cambiar las formas de la relación entre los choferes y usuarios; pero no, el maltrato se mantuvo.

Han sido espeluznantes los relatos de las mujeres de Villa Adela. Los robos, golpes, violaciones y asesinatos cometidos por los choferes sindicalizados colmaron la paciencia de las mujeres y hombres de El Alto, quienes protagonizaron movilizaciones y protestas, que también ha repercutido en el distrito 13 de Villa Fátima. Resultado de estas movilizaciones y luchas es que se plantea la expulsión de estos sindicatos.

Quisiera aportar con otros elementos de reflexión discutidos con mis compañeras, pues mi posición era: ¡fuera transportistas! Me parece importante detenernos a examinar qué significa este trabajo para la subsistencia de familias que viven del transporte; tampoco tenemos hoy la capacidad de responder con transporte municipal a todas las zonas y en todos los horarios. Si una movilización no reflexiona en profundidad, puede que la población reciba represalias, que en el corto plazo nos alejan de soluciones verdaderas. Si bien hay mejoras en la economía, no es verdad que hoy contemos con empleos estables y derechos laborales; y si bien hay empleos, los que hay están mal pagados; y las mujeres son las que menos se benefician con estos empleos. Lo cierto es que hay muchos profesores y empleados que apoyan su economía con su minibús y es importante considerar eso.

Me parece que hay que establecer  medidas estrictas en una suerte de acuerdos entre transportistas y juntas vecinales, que contemplen temas sobre seguridad, control vecinal en la entrega de licencias para operar y la incorporación masiva de mujeres choferes en los buses PumaKatari; pues me he enterado sobre el choque de un PumaKatari conducido por un chofer que estaba borracho. No sé si es verdad, pero recuerdo también cómo, con muy mala voluntad de los choferes contratados, hicieron fracasar el transporte municipal los años 80, así que es probable esta mala voluntad con respecto a los PumaKatari. ¡La lucha sigue!

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