Columnistas

Trump y Ryan contra la gente corriente

La reforma fiscal de los republicanos solo beneficia a los multimillonarios que no trabajan

La Razón (Edición Impresa) / Paul Krugman*

07:59 / 19 de noviembre de 2017

Según algunas noticias, Donald Trump quería que la propuesta de “reforma” fiscal presentada por los republicanos en la Cámara de Representantes se llamase Cut Cut Cut Act (Ley rebaja, rebaja rebaja). Por desgracia, no consiguió lo que quería, y en cambio le dieron un nombre aburrido que nadie recuerda. Pero todavía hay tiempo para cambiárselo. Permítanme proponer, como sugería un lector, que le pongan el nombre de “Ley Leona Helmsley”, en honor de la hotelera neoyorquina condenada por evasión fiscal, célebre por declarar que “solo la gente corriente paga impuestos”.

Al fin y al cabo, ese es el principal sentido del proyecto de ley. Favorece enormemente a los ricos frente a la clase media, algo que en general puede aplicarse siempre a las propuestas republicanas. Pero no se trata solo de que favorezca a las rentas altas: también favorece sistemáticamente a quienes viven de su riqueza, sobre todo la riqueza heredada, frente a la gente corriente, es decir, los pobres tontos que de hecho tienen que trabajar para vivir. Para hacernos una idea de por qué, consideremos cuatro contribuyentes hipotéticos y qué tal les iría con esta ley republicana.

Primero, la familia de póster de la que siempre habla Paul Ryan, una familia con dos hijos que gana 59.000 dólares al año. En el primer año de la Ley Rebaja, Rebaja Rebaja, dicha familia recibiría de hecho una reducción impositiva. Pero esta rebaja procedería de varias desgravaciones fiscales especiales que son básicamente artículos de lanzamiento para ayudar a vender el plan; o bien expiran en años posteriores o acabarán siendo erosionadas por la inflación. En 2027, con el plan plenamente en marcha, esa familia ejemplar afrontaría de hecho un significativo aumento de impuestos respecto a la ley actual.

En segundo lugar, pensemos en alguien situado en una escala muy superior, pero que sigue teniendo que trabajar para vivir. En la película Wall Street, Gordon Gekko se burla de “un estirado que trabaja en Wall Street, gana 400.000 dólares al año, vuela en primera clase y vive desahogado”. ¿Qué le pasaría a ese tipo? Bueno, he hecho unos cálculos apresurados y, si no tenemos en cuenta las deducciones, acabaría pagando unos cuantos cientos de dólares menos en impuestos. Pero si tenemos en cuenta las deducciones perdidas, en especial la reducción de las deducciones en los impuestos estatales y locales, casi con seguridad acabaría pagando más impuestos, no menos.

Y por supuesto, no solo los estirados de Wall Street se encontrarían en esa situación: también los médicos, los abogados, los ingenieros, y otros profesionales bien remunerados. En conjunto, el Centro de Política Fiscal calcula que con la propuesta republicana más de la cuarta parte de la población vería que sus impuestos aumentan en lugar de bajar; entre aquellos cuyas rentas se sitúan entre 200.000 y 500.000 dólares la fracción asciende a más del 40%.

¿Pero qué hay de los propietarios de pequeñas empresas? Con la ley actual, los ingresos generados por su empresa se “trasladan” a su renta como persona física, y se grava en consecuencia. La Ley Rebaja, Rebaja, Rebaja permitiría que las personas con esos ingresos pagasen solo un 25%, una importante exención para aquellos con rentas altas. Pero esto abre posibilidades evidentes de fraude, ya que todos los profesionales bien remunerados intentarían reclasificarse como empresas. Para limitar estos fraudes, el proyecto republicano impone normas que básicamente limitan el tipo del 25% a los receptores de rentas “pasivas”. Es decir, solo podrán acceder a la exención fiscal plena quienes sean propietarios de una empresa, pero no la dirijan de hecho.

Por último, imaginemos a un individuo muy afortunado —llamémoslo arbitrariamente Eric Trump— que va a heredar una participación en una empresa que no dirige, además de una buena cantidad de acciones. Recibirá su herencia sin tener que pagar impuestos, porque en el proyecto republicano el impuesto de sucesiones estatal se elimina gradualmente. Tendrá que pagar un bajo tipo fiscal por la renta derivada de su empresa. Y sus acciones reportarán mayores dividendos porque el proyecto republicano también reduce drásticamente el impuesto de sociedades, y la mayor parte del beneficio generado por esa rebaja probablemente irá a parar a los accionistas.

De modo que cuando Gary Cohn, principal asesor económico de Trump, asegura que el objetivo de la ley es “proporcionar rebajas fiscales de clase media a las familias de este país que trabajan duro”, está afirmando que arriba es abajo y lo negro es blanco. Este proyecto de ley ayuda poco o nada a la clase media, e incluso entre los ricos está sesgado contra quienes trabajan duramente y a favor de los ricos ociosos.

Y no olvidemos que los aumentos de impuestos a los estadounidenses que trabajan solo son parte de la historia. Según la Oficina Presupuestaria del Congreso, este proyecto también aumentaría la deuda nacional en 1,7 billones de dólares a lo largo de la próxima década. Ya saben lo que eso significa: si este proyecto o algo parecido sale aprobado, los republicanos volverán de inmediato a su anterior pretexto de que están contra el déficit y empezarán a exigir recortes del gasto.

Y puesto que el gasto federal está dominado por programas —seguridad social, sanidad para ancianos y sanidad para personas sin recursos— que benefician a las clases medias y trabajadoras, el resultado final de este proyecto fiscal sería que la mayoría de los estadounidenses, incluso aquellos que no sufrieran aumentos directos de impuestos, estarían peor. Todo en beneficio de una diminuta minoría, en especial los que ni siquiera han trabajado para obtener su riqueza.

Quizá se pregunten cómo esperan los republicanos salirse con la suya. Pero cualquiera que haya prestado atención a la política estadounidense sabe la respuesta. Primero, mentirán descaradamente sobre las consecuencias que de hecho tendría la ley. Segundo, intentarán distraer a los votantes de clase trabajadora fomentando la animosidad racial. No les funcionó demasiado bien en las elecciones del 7 de noviembre, pero seguirán intentándolo.

* es premio Nobel de Economía. © The New York Times Company, 2017. Traducción de News Clips.

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