Columnistas

Trump y la grieta republicana

Trump ha explotado inteligentemente la brecha entre los votantes republicanos y sus líderes

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

02:12 / 21 de noviembre de 2015

La sabiduría convencional actual es que los mejores días de Donald Trump están detrás de él y que sus números de votación pronto comenzarán a descender. Tal vez. Pero Trump ha llegado a representar algo fundamental acerca del Partido Republicano: la creciente brecha entre sus líderes y su circunscripción política. Aun si desaparece, la brecha está remodelando al Partido Republicano de EEUU.

En el comienzo, la campaña de Trump se basó en gran parte en su personalidad. Tenía una gran bolsa con posiciones acerca de las cuestiones, que carecían de coherencia o consistencia. Sin embargo, con el paso del tiempo, como buen empresario, parece haber estudiado a sus clientes (al Partido Republicano), y ha decidido darles lo que desean. Y lo que quieren no es lo mismo que lo que defienden los líderes del partido.

En un ensayo astuto para político, Michael Lind argumenta que el Partido Republicano moderno ha construido su ideología alrededor de tres puntos: el conservadurismo económico, valores sociales tradicionales y una política exterior de postura firme. El problema para el Partido Republicano de EEUU es que en sus tres áreas, sus seguidores ya no creen en la antigua ideología del partido.

Si hay una creencia que ha unido a los republicanos, ésta consiste en que el Gobierno es malo y sobredimensionado y que los gastos están fuera de control. El problema es que solamente hay dos maneras para reducir significativamente la deuda y los déficits: aumentar los impuestos o reducir la Seguridad Social y el Seguro Médico. Dado que el primero es un anatema para todos los republicanos, de hecho, desean recortes fiscales, la mayoría de los conservadores proponen reducir los programas de asistencia social. No obstante, la mayor parte del Partido son personas de edad y ponen en claro, cada vez más, que están en desacuerdo.

La información acerca de esta temática es asombrosa. Lee Drutman señala que solo un 6,2% del público estadounidense está a favor de reducir la Previsión Social; el resto piensa que debe permanecer en su nivel actual o se debe aumentar. Una mayoría de los republicanos cree que es más importante mantener la Seguridad Social y los beneficios del Seguro Médico que reducir el déficit.

Los candidatos republicanos han leído las encuestas y han comenzado a ajustar su retórica. Durante su última campaña, Ryan solía hablar acerca de una reforma de la Seguridad Social. Hoy en día, son pocos los candidatos que la mencionan. Muchos utilizan un código del idioma y algunos, como Trump y Mike Huckabee, lo rechazan rotundamente. Este dilema explica por qué los presupuestos de los republicanos presentan grandes brechas entre las ganancias y los gastos.

En cuanto a la inmigración, que es en muchos aspectos un tema social, la división entre las élites y las masas se ha restringido en los años recientes dado que los líderes se han dado cuenta de que no pueden ser vistos como blandos frente a los inmigrantes indocumentados. Aquellos candidatos que tuvieron más posiciones conciliadoras han faltado a su palabra o esquivado el tema cuando fueron interrogados. Marco Rubio hizo ambas: desde que enfrentó críticas de la derecha por ayudar a escribir una ley de reforma de la inmigración, bipartidista en 2013, ha dado marcha atrás en su posición y ha evitado la pelea.

Por otro lado, Trump sabe que no es posible ser tan duro sobre el tema en las primarias republicanas. Líderes tradicionales del Partido Republicano de EEUU como Jeb Bush y John Kasich han continuado apoyando un enfoque sobre la inmigración basado en el pragmatismo y la generosidad, pero el partido está con Trump y Ted Cruz en la temática. Casi la mitad piensa que se les debería exigir a los inmigrantes indocumentados que abandonen el país. Según una encuesta realizada esta semana, la mitad de los votantes republicanos piensan que Trump es el candidato con mayor capacidad para manejar el tema de la inmigración; casi cinco veces más que cualquier otro aspirante haya jamás recibido.

El tercer punto, una política exterior intervencionista, es de alguna manera una herencia de la Guerra Fría y fue central para el éxito de Ronald Reagan. En su ADN, el Partido Republicano fue históricamente más nacionalista que internacionalista, e aislacionista más que intervencionista. Está retornando a aquellas raíces. Cerca de la mitad de los republicanos dijeron en 2013 que EEUU hace demasiado para ayudar a solucionar los problemas del mundo y debería preocuparse por sus propios asuntos.

Una vez más, Trump lo entiende. Ha favorecido la no intervención cada vez más. Argumenta que no deberíamos haber intervenido en Irak ni Libia y que no deberíamos hacer mucho en Siria. Quiere que los europeos tomen el mando en la confrontación de Rusia sobre Ucrania. Cuando Chuck Todd, de la NBC, le preguntó si Ucrania debería ser miembro de la OTAN, su respuesta fue extraordinaria y reveladora: “No me importa si debería serlo o no.” Apostaría que la mayoría de los republicanos estarían de acuerdo.

Trump ha explotado inteligentemente esta brecha entre los votantes republicanos y sus líderes. Tal vez un político más carismático como Marco Rubio o un conservador astuto como Ted Cruz pueden de alguna manera finalizarlo. No obstante, es más probable que estas divisiones que yacen en el corazón de la ideología del Partido Republicano, cambiarán su carácter básico.

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