Columnistas

‘Tv para idiotas’

Hay quien piensa, y hasta lo dice sin ruborizarse, que la televisión es para estúpidos.

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:22 / 05 de agosto de 2016

Hay quien piensa, y hasta lo dice sin ruborizarse, que la televisión es para estúpidos. No es un concepto nuevo. ¡Qué va!, surgió en el origen mismo del medio. “La caja boba” la llamaban los pseudointelectuales que siempre fueron despectivos con lo masivo y con lo popular. Sucedió con inventos tan útiles como la puntabola o la calculadora. Los profesores indicaban que estos artículos arruinarían la buena letra de los estudiantes o su capacidad para hacer operaciones básicas. Hoy no podríamos pensar lo mismo.

La arrogancia de los intelectuales de izquierda de Argentina los llevó a denostar la televisión. Doc Comparado señala que este proceso no ocurrió en Brasil, que la inteligencia progresista del país de la samba intervino en la televisión y se lograron productos como El bien amado Xica da Silva y otras telenovelas y documentales históricos. Recién en los últimos años se vieron transformaciones importantes en los culebrones argentinos como en la muy premiada Los graduados, donde el héroe es un perdedor que pasea perros y rechaza que ser rico es sinónimo de triunfador.

Pero volvamos al tema. La televisión es para el gran público que lejos de ser idiota es lo bastantemente sensato como para manejar diferentes niveles de las inteligencias. En algunos casos manda lo emocional, y lo que se quiere es recibir impulsos destinados a conmovernos, a golpear nuestras sensibilidades. Pero también hay inteligencia racional, como cuando lo que se quiere es ver noticias.

Ahora bien, estas inteligencias no funcionan separadas. Una telenovela puede llevarnos a la reflexión, y una noticia (por ejemplo, un niño golpeado) despierta nuestras emociones, nos mueve, nos hace llorar, nos causa indignación, o en otro tipo de información, a alegrarnos, reír, sentir que debemos solidarizarnos, comentar, etc.

No dudamos de que los noticieros son una puesta en escena donde prima la imagen. La noticia es fundamental, pero también lo es el escenario y el carisma de los presentadores. Tampoco está en cuestión que, a diferencia de los shows, en los informativos no se puede mentir a sabiendas de que se está mintiendo, lo que crea credibilidad, el gran capital de los periodistas. Se debe trabajar con noticias y reportajes que partan del respeto al espectador, más aún cuando sabemos que es éste el que impone las formas narrativas y el tipo de presentadores que quiere ver. Incluso el tipo de vestimenta de los informativistas está marcado por la audiencia, y ésta es lo suficientemente inteligente como para consumir un producto u otro y hacer un uso de los mensajes que la televisión emite, construyendo su visión de mundo y los imaginarios sociales.

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