Columnistas

UD y PDC, la disputa por migajas

La disputa por el segundo lugar está interesante, por los dardos que ambos postulantes cruzan

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

02:16 / 23 de septiembre de 2014

Escuché decir a un compañero que la disputa que sostienen Samuel Doria Medina, de Unidad Demócrata (UD), y Jorge Quiroga, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), es “por migajas”, en alusión a lo poco que pueden conseguir en las elecciones del 12 de octubre tal como va su intención de voto previa: el primero, en un techo aproximado de 16%, y el segundo, “creciendo” de punto en punto en cada ola de las encuestas, algo ínfimo con relación al aplastante guarismo del candidato del Movimiento Al Socialismo (MAS), el presidente Evo Morales.

De manera llamativa, hace dos semanas, quien fuera vicepresidente de Hugo Banzer Suárez inició una arremetida contra el empresario cementero, a quien culpó de la dispersión del voto de la oposición y lo denunció por propiciar una “guerra sucia” al estilo estadounidense, de la mano de los mismos asesores que en 2002 contribuyeron a la victoria de Gonzalo Sánchez de Lozada.

¿Casualidad o estrategia? Estrategia. Inalcanzable Morales, por lo menos según las encuestas, el postulante a vencer es Doria Medina, que —para su orgullo político— está triplicando su “votación” (si es que mantiene o supera el 12 de octubre su intención de voto) respecto a la de 2009, cuando oficialmente consiguió el 5,6% de los votos, o de 2005, cuando obtuvo 7,8%. Y, por su lado, el aspirante de UD ha estado desahuciando la candidatura de Quiroga, del que incluso dice que es “funcional” a los objetivos del gobierno del MAS.

¿Guerra de segunda línea? Sí, entre postulantes que —a juzgar por las encuestas que no creen— tienen un difícil camino por llegar siquiera a la segunda vuelta, es decir, ubicarse en al menos 10% por debajo de un eventual 40% que consiga el MAS. Y si Morales logra el 50%+1, esa posibilidad se habrá esfumado para ambos. Pero optimismo, falso o real, sobra. Cada quien dice que ganará las elecciones, porque se considera la “alternativa” al Gobierno “autoritario” del MAS.

Sin embargo, más allá de esas posibilidades, la disputa por el segundo lugar se ha tornado interesante, por los dardos que ambos postulantes comenzaron a cruzar entre sí y por el afán que se han planteado de proyectarse a partir de los resultados de segunda línea de octubre. ¿Proyección para qué? Al menos, hay dos objetivos a corto y mediano plazos.

Se prevé que para febrero sean convocados los comicios subnacionales, para la elección de gobernadores y alcaldes. Serán un escenario para la toma democrática del poder territorial regional, el bastión político necesario y antagonista al poder político nacional; un escenario básico con miras a las elecciones generales de 2020, cuando —por lo menos así lo dijo en El Deber— Morales no sea otra vez candidato a la presidencia.

Así se entendería la pelea entre UD y PDC, porque sus posibilidades de copar escaños en la Asamblea Legislativa Plurinacional, el objetivo secundario después del Palacio de Gobierno, son pequeñas, casi migajas. Siendo segundos, tienen posibilidades de rescatar algunos curules en la Cámara de Senadores y otros en la de Diputados.

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