Columnistas

Unasur y el desafío de la integración

Pasar de las palabras a las acciones es buen síntoma para hacer realidad los desafíos de la integración

La Razón (Edición Impresa) / Walker San Miguel Rodríguez

00:05 / 12 de diciembre de 2014

La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) —conformada formalmente en Brasilia en 2008— sufrió un período de ralentización, no obstante, a partir de la cumbre que acaba de concluir en Quito se avizora una etapa de iniciativas para conseguir logros concretos en el proceso de integración.

El secretario general de Unasur, el expresidente colombiano Ernesto Samper, anunció que el organismo suramericano impulsará varios proyectos de integración. Pasar de las palabras a las acciones es buen síntoma para una región necesitada de hacer realidad los desafíos de la integración de la que se viene hablando desde la década del 60 del siglo pasado.

En las recientes reuniones de Guayaquil y Quito se delinearon 30 proyectos de infraestructura, de los cuales al menos siete son considerados prioritarios: el corredor vial Caracas-Bogotá, el acceso al río Amazonas, la ferrovía entre Paranaguá (Brasil) y Antofagasta (Chile) que atravesaría Bolivia y el mejoramiento de la navegabilidad de los ríos que desembocan en la cuenca del Plata.

También se prevé construir rutas de conexión entre Venezuela, Guyana y Surinam, conectar por carretera las ciudades de Foz de Iguazú (Brasil) con Ciudad del Este, Asunción y Clorinda del Paraguay e interconectar por medio de ferrocarril a Paraguay, Argentina y Uruguay.  Según el informe del Secretario General, obras de esa magnitud demandarán cerca de 14.000 millones de dólares, cifra que podría quedarse corta teniendo en cuenta la dimensión de los proyectos.

A su vez, el Gobierno boliviano, por medio del ministro de Obras Públicas (Vladimir Sánchez), informó que nuestro país inscribió ante el Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (Cosiplan) de la Unasur, un proyecto de construcción del corredor ferroviario bioceánico central Atlántico-Pacífico, que atravesará Bolivia, e implicará una inversión aproximada de 7.000 millones de dólares.

El proyecto fue inscrito en el marco del encuentro de ministros de infraestructuras que se llevó a cabo en Montevideo hace una semana. La ferrovía proyectada se inicia en Santos (puerto atlántico de Brasil) ingresa a Bolivia por Puerto Suárez y atraviesa las ciudades de Santa Cruz, Montero y la localidad de Bulo-Bulo (Cochabamba), el altiplano de La Paz y finaliza en el puerto de Ilo-Perú (océano Pacífico). En total tendrá 3.360 kilómetros de vía férrea.

Es indudable la importancia que tiene el proyecto descrito por el ministro Sánchez. Bolivia ocupa el centro del subcontinente suramericano y no se podría hablar de integración sin la incorporación de nuestro país en redes rodoviarias o ferroviarias que unan de norte a sur y de este a oeste (vinculando en este caso el Atlántico con el Pacífico).

Los desafíos de la integración suramericana son de gran envergadura, pero los tiempos obligan a dar pasos en esa dirección. La retórica integracionista no se ha reflejado en infraestructura tendiente a la conexión que abarate costos y dinamice la industria y el comercio. Afortunadamente, Unasur no solo abordó estos temas, sino el de la libre movilidad de ciudadanos suramericanos, pues las restricciones al libre tránsito de personas en nuestros países son solo una muestra odiosa de lo pernicioso que es detenerse en las prácticas que nos retrotraen el siglo XIX. Éste es, sin duda, el siglo de la integración, es imposible cerrar los ojos a una realidad que se impondrá de todas maneras.

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