Columnistas

Estados Unidos y la cuestión marítima

Actualmente el peso político de EEUU en el mundo es tremendo, ya que no tiene contrapeso alguno 

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

00:06 / 09 de marzo de 2016

En el presente año es menester que el Gobierno nacional se preocupe por buscar un buen entendimiento con Estados Unidos si desea que la labor efectuada en la Corte Internacional de Justicia (CIJ) tenga un resultado positivo. Cabe señalar lo mencionado en el Art. 94 de la Carta de las Naciones Unidas: “si una de las partes en un litigio dejare de cumplir las obligaciones que le imponga un fallo de la Corte, la otra parte podrá recurrir al Consejo de Seguridad, el cual podrá, si lo cree necesario, hacer recomendaciones o dictar medidas con el objeto de que se lleve a efecto la ejecución del fallo”.

Pues bien, bastaría el veto del gran país del norte para que se anule cualquier disposición del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el particular. Como dijo don Uldaricio Figueroa, un eminente internacionalista chileno: “La tierra norteamericana siempre le fue muy favorable a Bolivia”. Y así fue en efecto, ya que desde la Guerra del Pacífico, Estados Unidos se preocupó en buscar una solución amistosa al problema del Pacífico.

Años después, en 1926, el secretario de Estado, Frank Kellogg, propuso que las provincias de Tacna y Arica pasaran a soberanía boliviana. Y posteriormente se obtuvo el apoyo del gobierno del presidente Roosevelt, quien tuvo un gran aprecio por nuestro país al haber sido uno de los primeros de Latinoamérica en romper relaciones diplomáticas con la Alemania de Hitler. Ese gran estadista estadounidense no solo se sirvió invitar al entonces presidente de Bolivia, general Peñaranda, para que visitara Estados Unidos, sino que se comprometió verbalmente en que una vez concluida la guerra mundial, él se preocuparía personalmente en la superación del enclaustramiento geográfico de nuestro país.

Sin embargo, como ha sucedido mucha veces en nuestra agitada historia, problemas de política interna determinaron la ruptura del buen entendimiento con EEUU y, por ende, con todo compromiso sobre nuestro magno problema. El 20 de diciembre de 1943 se produjo un golpe militar que dio fin al gobierno democrático de Peñaranda y encumbró a un régimen tildado de fascista. Con este brusco cambio de gobierno, se terminó toda simpatía norteamericana a Bolivia. Nuestro país volvía a sus fueros pasados, dando la impresión de ser una nación agresiva y poco comunicativa e integradora.

Solo en los años 50 volvió a crearse un buen entendimiento entre los dos países, al punto de que el presidente Truman, en la inauguración de la Asamblea General de la OEA de 1951, manifestó que su gobierno estaba dispuesto a cooperar para que se pudiera solucionar el problema marítimo boliviano. Pero luego vino el problema del río Lauca, que provocó la ruptura de relaciones diplomáticas con Chile. Es de lamentar que nuestro país, teniendo en aquel entonces el apoyo decidido de Estados Unidos, en vez de buscar una solución amistosa, haya preferido provocar un gran escándalo en la OEA, que a la postre determinó nuestra salida vergonzosa de dicho organismo y, en consecuencia, la pérdida de dicho río y un alejamiento mayor del océano Pacífico. Años después Bolivia obtuvo el apoyo de la Asamblea General de la OEA para su cuestión marítima, y Estados Unidos respaldó la mayoría de las resoluciones relativas al tema.

Ahora bien, sabemos que actualmente el peso político de Estados Unidos en el mundo es tremendo, ya que no tiene contrapeso alguno. En consecuencia, basta que su gobierno preste atención a algún asunto para que éste se transforme en una cuestión de preocupación mundial. A pesar de ello, lamentablemente el gobierno del presidente Evo Morales ha decidido mantener una política muy fría frente al coloso del norte. Empero, ahora es necesario que modifique esta actitud, porque sería verdaderamente trágico que EEUU, que anteriormente apoyó decididamente al problema marítimo nacional, decidiera ahora oponerse a una decisión favorable de la Corte de La Haya sobre nuestra histórica causa en el Consejo de Seguridad. Si esto sucediera, todo el esfuerzo desplegado en la CIJ quedaría anulado y nuestra cuestión marítima volvería a fojas cero.

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