Columnistas

Unión interoceánica

Pareciera que el enclaustramiento geográfico hubiese producido también un encierro mental

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

00:01 / 12 de septiembre de 2012

Con gran sorpresa se ha recibido la noticia de que, a causa de la escasez de cemento, se postergó la construcción del último tramo del corredor interoceánico, que unirá Chile, Bolivia y Brasil. Ahora se espera que dicho tramo, comprendido entre El Tinto y Puente Quimome, que abarca unos 36 kilómetros, se concluya a fines de octubre.

Cabe recordar que los presidentes de Bolivia, Brasil y Chile, Evo Morales, Lula da Silva y Michelle Bachelet, respectivamente, se reunieron hace cuatro años en La Paz, para impulsar la conclusión del tramo Santa Cruz–Puerto Suárez, que determinaría la unión carretera entre el puerto de Santos, en el Atlántico, con el puerto de Arica, en el Pacífico. La construcción de dicho sector se inició hace más de diez años, y aún no se lo ha podido terminar. Hubo varios imponderables, pero sobre todo el poco interés nacional por interrelacionarse con el resto del mundo. Daría la impresión de que deseáramos vivir encuevados, lejos del “mundanal ruido”, para podernos enfrentar y odiar con más soltura.

No cabe duda que una de las causas fundamentales de nuestro aislamiento y de nuestra desconfianza al extranjero se debió al enclaustramiento geográfico que sufre el país. Bolivia, desgraciadamente, nació muy alejada del mar. Y esta difícil situación se agudizó aún más cuando hasta su remoto litoral se perdió en la Guerra del Pacífico.

Pareciera que el enclaustramiento geográfico hubiese producido también un enclaustramiento mental, ya que tradicionalmente los gobiernos nacionales han creído que sería una falta de patriotismo buscar una mejor relación física con los puertos chilenos, sin parar mientes en el gran perjuicio que ello acarreaba a las políticas migratorias o a nuestro comercio exterior.

Es menester destacar que la primera y única carretera pavimentada al mar, la de La Paz a Arica, sólo se culminó hace 15 años. Anteriormente, el país se vinculaba con la costa chilena sólo por medio de dos vetustos ferrocarriles, el de Antofagasta a Bolivia, y el de Arica a La Paz; y con la costa peruana, por una línea nunca concluida que unía La Paz con el puerto de Mollendo. Respecto al primero de ellos, el de Antofagasta a Bolivia, que unió por fin el mar con la montaña boliviana, es importante recordar que su construcción causó una profunda reacción adversa en la población nacional, al extremo de que la gente gritaba: “Muera el ferrocarril, viva la llama”. 

Sólo cuando se comprobó que la línea férrea del sur había fomentado grandemente la industria minera de Potosí y Oruro, y también la primera inmigración importante a Bolivia, principalmente de alemanes, yugoeslavos, italianos, árabes y chilenos, convirtiendo a la ciudad de Oruro en la más moderna de la República, los paceños decidieron unir, por medio de un ferrocarril, La Paz con el puerto de Arica. Pero, lamentablemente, tuvieron que aceptar para ello suscribir el inicuo Tratado de Paz de 1904, que encerró a Bolivia en sus montañas.

Posteriormente se decidió llevar adelante el tramo ferroviario de La Paz a Guaqui, con el fin de vincularlo con la línea de Puno a Mollendo. Pero esta vía era multimodal porque requería el uso de vapores por el lago Titicaca. Muchos años después, y gracias a la gestión del gran diplomático, don Alberto Ostria Gutiérrez, se determinó la construcción de los ferrocarriles de Santa Cruz a Corumbá y de Santa Cruz a Yacuiba, lo que promovió el desarrollo del oriente boliviano.  

Ahora es importante que el Gobierno nacional cumpla su compromiso de terminar la carretera de Puerto Suárez a Santa Cruz de la Sierra. Es conveniente, para el efecto, que en el país se haga conciencia de la importancia estratégica que tienen las vías de comunicación con el Pacífico y el Atlántico. Porque cuando ella se concrete, no sólo nuestro comercio exterior será más fluido, sino que el ideal boliviano, surgido de la Guerra del Chaco, de convertir al país en una tierra de contactos podrá por fin hacerse realidad, y de este modo, Bolivia se transformará en el vinculante interoceánico más importante del continente americano.

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