Columnistas

Uribe Vélez gana el primer round

El gran ‘ganador’ fue la abstención: 60% del padrón electoral, la más alta en los últimos 20 años

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:00 / 27 de mayo de 2014

Acaso alguien duda de que los votos mayoritarios para Óscar Iván Zuluaga Escobar en las elecciones del domingo en Colombia fueron, en realidad, para Álvaro Uribe Vélez? Porque lo que se votaba en aquellas presidenciales eran, sobre todo, dos modelos de futuro que pasaban por la paz con las guerrillas: uno concesional, el de Juan Manuel Santos Calderón, y otro sin perdón, el de Uribe. El expresidente colombiano —que no pudo reelegirse constitucionalmente en 2010 y delegó como heredero a Santos Calderón, luego su enemigo— logró durante su gestión, con su política de seguridad democrática, enfrentar exitosamente a las guerrillas para afianzar la gobernabilidad del país y remontar su crecimiento económico. Y esos dos éxitos —a pesar de su autoritarismo, su complacencia con las Autodefensas Unidas de Colombia, los falsos positivos y otras críticas— pesaron en la votación.

Tras escrutado el 99,97% de la votación, el candidato uribista (Centro Democrático) obtuvo el 29,25% de los votos válidos, ganándole al actual presidente (Partido de la U) quien alcanzó el 25,69%. Les siguieron Marta Lucía Ramírez de Rincón (Partido Conservador) con el  15,52%, Clara López Obregón (Polo Democrático Alternativo) con un sorpresivo 15, 23% y Enrique Peñalosa Londoño (Alianza Verde, la misma organización que perdiera estrepitosamente con Antanas Mockus Šivickas en 2010), “predicho” posible contrincante en segunda vuelta y otro gran perdedor, con solo el 8,28%. Pero el gran “ganador” fue la abstención: 59,93% del padrón electoral, la más alta en los últimos 20 años; el voto en blanco fue 5,99% y el pifiado (nulos y no marcados), 2,75%.  Y el tercer perdedor, como en 2010, fueron las encuestas, erradas nuevamente.

Aunque las acusaciones de sobornos y financiamientos electorales de narcos y espionaje y piratería de correos electrónicos contra los dos candidatos mayoritarios —antiguos colegas de gabinete— han convertido estas presidenciales colombianas en una sucia batalla, más pesó el tema de la paz con la guerrilla (la principal baza electoral de Santos Calderón, inconclusa tras 18 meses de negociación), sin olvidar que, a pesar de los buenos índices macroeconómicos, al actual Gobierno se le acusa de no bajar el desempleo ni la pobreza, y de no mejorar la salud pública ni tener una política agraria adecuada, además de la creciente inseguridad ciudadana.

Como mencionaba en un comentario anterior, esta guerra entre Santos Calderón y Uribe Vélez —la verdadera batalla— no concluyó ayer. Y aunque faltan las alianzas de perdedores con los finalistas, aún nos quedará, y mucho, por ver de este sucio ventilador de excrementos hasta el ballotage del 15 de junio, el gran referendo sobre el futuro de Colombia y las negociaciones con las guerrillas.

Pero lo que no queda duda es que Uribe Vélez es el árbitro político en la Colombia del siglo XXI: elegido presidente en 2002 y reelegido en 2006, en 2010 hizo ganar abrumadoramente a su heredero Santos Calderón y ahora lo hace tambalear con otro nuevo delfín, Zuluaga Escobar. Casi un patriarca garciamarquiano. 

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia