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Utopía

Hoy, más que nunca, es vital conservar ideales humanistas hasta el límite de la fantasía

La Razón / Carlos Villagómez

01:39 / 29 de octubre de 2013

Cuando vives en una ciudad que se ahoga en violencia, intolerancia, bloqueos, tráfico, fragilidad o vulnerabilidad, sucumbes. Te rindes ante la evidencia e ingenias salidas que sabes son insulsas, porque, ni modo, debes seguir adelante. En un arrebato propositivo y con total buena fe, formulas soluciones de urbanismo o arquitectura que sabes, por la tenacidad de los problemas de este siglo, son insustanciales o al menos enmiendas temporales.

Un urbanista responsable y honesto jamás seguiría mintiendo con soluciones mágicas. Es una vergüenza decirlo pero, lo siguen haciendo. He estudiado toda mi vida sobre las ciudades y sé que aquí, en Caracas o en Shanghái, no se resuelven los problemas de la concentración urbana tercermundista, simplemente se los posterga. Es un círculo vicioso de paliativos y problemas que se reciclan ad infinitum.

Entonces te llega un momento de lucidez (de puro viejo) y preguntas ¿será posible otro mundo? Y te vienen a la mente las utopías urbanas, esos pensamientos revolucionarios de verdad: las ciudades ideales para el hombre. ¿Será posible otro urbanismo?

A la pregunta la respuesta: sí, es posible. En estas tierras un experimento utópico duró algo más de 200 años: las misiones de Mojos y Chiquitos. Fue una epopeya urbanizadora de tal magnitud que, más allá de nuestras diferencias, debemos reconocer hidalgamente. Jesuitas y franciscanos construyeron en el oriente boliviano una nueva sociedad que se materializó en ciudades admirables, llevados por la fe cristiana y el pensamiento utópico de Platón y de Tomás Moro. En la selva profunda, sin los avances tecnológicos de hoy en día, construyeron nuevos asentamientos para un hombre nuevo,  fiel y culto. Más allá de cualquier debate ideológico sobre esta implantación, debemos reconocer la entereza y la entrega a un ideal, tan piadoso y soñador, que la corona española pagó con la expulsión de esos jesuitas en 1767.

Si hace 500 años se logró realizar una utopía, ¿por qué no hoy en día? Estamos pasando por cambios políticos y económicos que permiten abrigar la esperanza de enormes transformaciones en el rumbo de nuestro desarrollo urbano. Cambios que pueden transformar el eje central, tal como lo heredamos del siglo XX, y abrir una nueva estructura de ciudades intermedias que cambien el mapa de Bolivia. Si existe una ciudad que debe con urgencia transformar su región esa es La Paz, porque está concentrando sus potencialidades y fortalezas sin avizorar un futuro para los jóvenes. ¿Nuevas ciudades de ciencia y tecnología? ¿En Laja? ¿O en Miraflores - Apolo?

Un utopista es un soñador empedernido. Sí que lo es. Pero hoy, más que nunca, es vital conservar ideales humanistas hasta el límite de la fantasía.

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