Columnistas

Valores en la bolsa de Cachito

Por primera vez, el ciudadano de a pie conoce más a la primera dama que al propio presidente

La Razón / Óscar Díaz Arnau

01:21 / 09 de julio de 2012

1. Cachito es un hombre de la calle, de nuestra calle. Vive donde puede, casi siempre está en el Mercado Central. Un día, escarbando en la basura, Cachito se encuentra una bolsa negra con Bs 50 mil que la supuesta titular reclama de inmediato. Ella le da una recompensa que las vendedoras del mercado, supuestas protectoras de Cachito, consideran exigua. Los medios locales salen prontamente en busca del indigente, que con retraso mental no hilvana una oración. Hay presión social y consiguen subir la cotización de Cachito. Pasan los meses y los medios se olvidan de él. Hoy, nadie sabe si todavía duerme en la calle o entre frutas y verduras.

2. Angélica Rivera es el personaje más popular de las telenovelas. “Gaviota”, la jornalera, papel de papeles en el culebrón que se esfuerza por promocionar México y, sobre todo, exportar tequila. Ocurrencia bien mexicana, la novela titula: Destilando amor. Ahora, ¿quién es Angélica Rivera? La primera dama de México: Gaviota tuvo la visión de casarse con Peña Nieto. Lo que hace la TV y, aún más, Televisa, el emporio de las telenovelas. Por primera vez, el ciudadano de a pie conoce más a la primera dama que al propio presidente. De Peña Nieto se decía que golpeaba a su mujer, pero, de eso ya nadie se acuerda...

3. Sudamérica tiene varios presidentes, uno por cada país. En Uruguay, por ejemplo, el suyo cosecha lo que siembra. Cuando no está en su chacra, comiendo los tomates que él mismo cultiva, es probable verlo circulando mansamente en su auto modelo 87. Vive con 1.000 euros, dice la prensa extranjera, porque los otros 9.000 de su sueldo los destina a proyectos de ayuda. Ha dicho él a esa prensa: “Con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos”. Pepe Mujica, el sembrador.

4. Un tal Franco, otro presidente, otro país. Llega de golpe, sorprendiendo al padre de Iglesia y de varios hijos legítimos que, entre una labor y otra, presidía el Paraguay. Franco es un hombre suficiente y, al presentarse, dice que con él se acabó el nepotismo (al padrecito le endosan, también, cargos públicos para su familia, se entiende, numerosa). Franco no es el español, pero traiciona. Asiduo pecador, no sorprende que le haya dado la espalda al padre comprobado. ¿Cuánto tardó Franco en traicionar, también, a su pueblo? Diez días. Debía ayudar a su cuñada. Hombre de valores, su obra benéfica comprende un sueldo de $us 13 mil mensuales para ella.

5. Bolivia, este país. Regios asambleístas que elaboran la Carta Orgánica Municipal de Sucre no cobran salario y tienen permiso para ocuparse de los promiscuos. Por unanimidad, aprueban un inciso que castiga con la cesación de funciones a aquellos alcaldes o concejales que cometan adulterio. Lo hacen con la moral que les confiere el acto que muchos de ellos (no todos) acometen casi inmediatamente después: el festejo con baile y cerveza, un jueves a las cinco de la tarde, en la Villa Bolivariana, lugar donde en ese momento se hospedan niños, adolescentes y jóvenes participantes de una competencia nacional de bicicross.

6. Para intachables, Emerson. Este malevo de 33 años, criado en una favela, arranca en el fútbol con una falsificación de documentos y no para. Juega para la selección de su país, Brasil y, luego de nacionalizarse, esconde su pasado para vestir la camiseta de Qatar. Dentro de poco enfrentará los cargos judiciales de contrabando y lavado de dinero, pero éste es un tipo sin escrúpulos. Sabiendo que puede ir a la cárcel, no tiene reparos en delinquir de la peor manera: va y le roba el título de la Libertadores a Boca.

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