Columnistas

Vencer al terrorismo

Mientras persistan estas opresiones que producen marginación será difícil erradicar el terrorismo.

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

02:07 / 17 de julio de 2014

Durante el reciente encuentro en Cartagena denominado “La Tercera Vía: el camino a la prosperidad económica y social”, los expresidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; Ricardo Lagos, de Chile; Felipe González, de España; Bill Clinton, de Estados Unidos, y el ex primer ministro británico Tony Blair firmaron una declaración de apoyo al proceso de paz entre el Gobierno colombiano y los guerrilleros de las FARC. Pero, durante la misma reunión, aclararon que el objetivo de su “Tercera Vía” es “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. Hay algo de incoherencia en esto.

No es casual que en Medio Oriente y en Latinoamérica, el terrorismo tenga más auge entre los pobres. Hace poco recibí uno de esos correos electrónicos en cadena que sugería analizar las siguientes reglas: “prohibido tomar bebidas alcohólicas y los bares; prohibida la televisión e internet; prohibidos los deportes, estadios, fiestas; prohibido tocar bocina; prohibido comer carne de cerdo; prohibida la música y la radio. Comer solamente con la mano derecha”. Y como si esto fuera poco, “arena por todos lados, harapos en vez de ropa, gritos de agonía de un enfermo que no tiene un médico, no te puedes afeitar, ni duchar, las mujeres tienen que usar vestidos que parecen bolsas y velos todo el tiempo y a tu esposa te la elige otro”.

De pronto, te dicen que cuando mueres vas al paraíso y tienes todo lo que soñaste. ¿No te suicidarías? Si no te suicidas, puedes emigrar... Aunque, la Unión Europa y Estados Unidos te pillarán y te repatriarán, y a cambio darán a los gobiernos que te oprimen ayudas “para que tengas mejores condiciones de vida”,  pero que, en realidad, financiarán a los que te seguirán oprimiendo. Si Occidente no puede recibir inmigrantes es porque su propia falta de libertad (leyes laborales y seguridad social, etc.) provoca desocupación y marginalidad.

Lo cierto es que la persona, usando su natural libertad, al realizar su vocación promoverá la vida. Pero si coactivamente —violentamente— lo oprimen, le imponen “tanto Estado como sea necesario”, es decir, leyes laborales como el salario mínimo que de hecho deja desocupados a los que ganarían menos; o cobran impuestos que terminan empobreciendo a los pobres, ya que los empresarios, para pagarlos, bajan salarios o suben precios; entonces por aquello de que toda acción produce una reacción es probable que reaccionen violentamente. De modo que, mientras persistan estas opresiones que producen marginación e inducen la reacción violenta, será difícil erradicar el terrorismo.

Lo que ocurre en Medio Oriente, donde se matan entre todos y los aliados de hoy financian a los terroristas y son los enemigos de mañana, demuestra que las guerras son una farsa donde mueren “los tontos”, y son los políticos y los traficantes de armas los que ganan. Es notable cómo personas que saben, por caso, que la inflación no se cura reprimiendo precios creen que el terrorismo puede solucionarse reprimiendo guerrilleros, cuando el principio ontológico es el mismo. Al terrorismo solo se lo vence con libertad y paz, cualquier otra cosa lo potenciará, sobre todo las armas, que son siempre opresoras y liberticidas.

Por tanto, es una exigencia humana el terminar con todas las guerras, incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también otra muy atroz, que solo en México lleva más muertos que la de Vietnam y que financia a los terroristas, la guerra “contra las drogas”.

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