Columnistas

Venezuela a la vista

Los cinco constituyen la nueva generación que le va a hacer difícil la vida al eterno ‘comandante’

La Razón / José Gramunt de Moragas

02:28 / 15 de febrero de 2012

Lo que cualquier mortal conoce sobre Venezuela es que posee una inmensa riqueza petrolera, produce muy pocos bienes de consumo e importa la mayor parte de los productos de la canasta familiar, tiene un presidente de la República que, a pesar de haber sido operado de cáncer no para de hablar por radio y televisión, que su aspecto externo revela el secreto de los corticoides aplicados por sus médicos y que, a pesar de estos achaques, ha profetizado que gobernará hasta el 2031.

Con esta ficha a la vista, paso a recoger la información que nos llega sobre las elecciones primarias celebradas el pasado domingo 12, para designar al candidato opositor único que concurrirán en los comicios generales del próximo 7 de octubre de este año. El número de votantes pasó de los tres millones, cifra nunca vista en otros comicios primarios de Venezuela. El 60% de esos votos fueron a favor de Henrique Capriles Radonski, quien se constituye en la cabeza de la coalición opositora que competirá con Hugo Chávez en la próxima consulta nacional, si es que el “comandante” no la impide por medio de alguna martingala dictatorial.

Tres de los cinco candidatos que se disputaron la jefatura opositora constituyen la nueva generación, después de que los viejos partidos pasaron a la jubilación por no haber movido sus desalentadas garras ni para cosquillear la dura piel del gran jefe bolivariano. Como era de esperar, Chávez no tardó ni medio minuto en etiquetar a Capriles como el “candidato del imperio y de la burguesía pitiyanki”.

Capriles, Pablo Pérez y María Corina Machado constituyen la nueva generación que le va a hacer difícil la vida al eterno “comandante”. Los tres rondan los 40 años. Capriles va por los 39. Edad de oro para desarrollar un programa político que requiere de ilusión, talento, energía y mucha intuición. De origen político demócrata-cristiano, ahora se presenta como centro-derecha.

Y al escribir este último párrafo, advierto un cierto parecido al peruano Ollanta Humala, quien habiendo militado en la izquierda indigenista del Perú, se pasó al bando de la economía abierta y ganó las elecciones.

Convengamos en que Venezuela, bajo el embrujo de un bolivarianismo irredento, impulsó fuertemente la supuesta liberación de los pueblos oprimidos desde hace 500 años. Convengamos también en que la historia se mueve hacia delante, aunque no suele hacerlo de forma rectilínea, sino por medio de sucesivos movimientos pendulares. De la Revolución Francesa liberadora (guillotina incluida),  el péndulo oscila al fastuoso imperio napoleónico. Los ejemplos históricos no cabrían a este artículo.

No es pues del todo imposible que estos golpes de péndulo, aunque sea en distintos escenarios y con distintos protagonistas, sirvan de válida experiencia para que una nueva corriente política de centro —izquierda o derecha—  vaya tomando forma en América Latina.  Particularmente en países hasta ahora dominados por el ultranacionalismo indigenista, persecutorio, verborrágico, pero incapaz de administrar con justicia y equidad los bienes que Dios puso en sus manos.

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