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Fue Vero Mendoza

Las nuevas generaciones de Perú no conocerán el fujimorismo en gran medida gracias a Mendoza

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha Fuentes / La Paz

23:13 / 09 de junio de 2016

A tiempo de ser publicada esta columna, ya queda bastante claro que la tendencia con la que se inició el recuento de votos en Perú está consolidada, se puede, pues, ya hablar de que Pedro Pablo Kuczynski (PPK) será el próximo presidente del vecino país tras un inédito y apretadísimo conteo oficial de votos.

Hace un par de semanas, las encuestas y los sondeos de opinión para este balotaje daban como ganadora a Keiko Fujimori. Esta situación, como conocemos, generó la intensificación de una corriente-campaña antifujimorista en Perú, y el continente mismo que ya había sido activado anteriormente para esta elección presidencial. Lo que huelga resaltar de esta contienda, tanto en la primera como en la segunda vuelta, es el rol que tuvo y que ha jugado Verónica Mendoza, pues, en ambas su participación fue determinante. De ella se comentó en la primera votación que el sostenido ascenso que mantuvo se concretó como un significativo logro en lo que a comunicación política refiere. Entre varios factores que las y los analistas peruanos señalan como causales de este inesperado crecimiento se encuentra la campaña electoral que Mendoza llevó adelante (novedosa y creativa, combinando la calle con las redes, aprovechando los espacios de debate, entre otros); y, desde ya, las contracampañas hacia otros candidatos.

Y así salió Vero Mendoza de esta primera vuelta: laureada por haber llevado adelante una campaña política sumamente exitosa y abriéndole la posibilidad real a Perú y a sus votantes de representar su opción y visión política de país en su Congreso en los próximos años. Pero en su caso también hubo un segundo momento. Hace un par de semanas Mendoza tomó una posición que se cree cambió el rumbo del balotaje en Perú, al señalar que “para cerrarle el paso al fujimorismo, solo queda marcar PPK”, sin renunciar y dejando constancia de que mantendría su rol como oposición para buscar la agenda por la que las y los votantes del Frente Amplio habían apostado.

El gesto de Mendoza no es algo nuevo en este tipo de contextos, toda vez que cuando se arriba a este tipo de escenarios electorales de segunda vuelta, suele ser común que las y los candidatos que no ingresaron a la contienda electoral tomen partido por una de las dos opciones que sí lo hicieron. En el caso de marras, es digno de resaltar la capacidad de desprendimiento político; algo que se observa cada vez vemos, sobre todo en los escenarios polarizados a los que se ha ingresado en esta etapa respecto a los gobiernos progresistas de América Latina.

Veamos, con el resultado obtenido por Mendoza, ella podía tomar la cómoda opción de, en apego al principio político, no jugar ninguna carta y mantenerse “inmaculada” para jugarse todo los siguientes años desde su ya ganado espacio en la oposición. O podía, como finalmente hizo, tomar la decisión histórica de apoyar la opción que se oponía al retorno del fujimorismo al poder, más allá de sus propios beneficios y sujeta a toda la crítica que ello pudiera implicar. Finalmente se inclinó por esta segunda posibilidad, y ha dado resultado, las nuevas generaciones de Perú no conocerán el fujimorismo y hay quien tiene mucha responsabilidad histórica en ello y seguro cosechará de la misma en el futuro. Fue Vero Mendoza.

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