Columnistas

Viajar, pero pasando por El Alto…

Circular en algunos sectores de El Alto es un gran sacrificio, tanto para peatones como para pasajeros

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona / La Paz

21:54 / 20 de mayo de 2016

Quienes tenemos espíritu viajero y nos gusta o debemos viajar frecuentemente al norte del departamento de La Paz inexorablemente tenemos que cruzar El Alto, atravesando la carretera troncal (llámese a Achacachi, Carabuco, Charazani, Pelechuco, en fin). Al llegar a la Ceja, uno se topa con los minibuses estacionados que buscan llenar con pasajeros y ocasionan grandes “trancaderas”. Y los días en los que se desarrolla la feria en la zona 16 de Julio, sobre todo el domingo, es muy difícil de transitar, y no solo en alguna movilidad, sino también a pie. Hasta no hace mucho tiempo, era posible abordar los vehículos de transporte provincial en la Chacaltaya, punto que conecta con el inicio de la mencionada feria. Ahora existe una terminal provincial bonita ubicada cerca del puente de Río Seco, pero no siempre es bien utilizada; pues, a pesar del compromiso de los transportistas de utilizar adecuadamente este espacio, insisten en realizar “sus escapaditas”, ubicándose fuera de esta terminal en el puente mencionado, ya en plena carretera.

Bueno, el gran martirio empieza una vez que arranca el minibús hacia el norte del departamento, pues hay que desviar por varias calles casi paralelas a la principal, por decirlo así, por cuanto el famoso puente de Río Seco y sus alrededores hace varios años que están en construcción y no se vislumbra su pronta culminación. ¿Por qué? No he escuchado explicaciones claras y precisas a este respecto por parte de las autoridades. Recorrer esas calles es un verdadero tormento, pues hay que atravesar senderos, en los que se tarda al menos 30 minutos. Este trayecto obligado permite apreciar cuánto falta en la construcción de vías de acceso dignas para los ciudadanos de El Alto. No solo hay huecos, sino también polvo a montones (incluso algunos ciudadanos tratan de aplacar la gran polvareda con el agua). Asimismo, en algunas calles es posible observar muñecos colgados en las esquinas con un letrero que advierte: “ladrón descubierto será linchado”, que son una suerte de estrategia para luchar contra la inseguridad. También hay varios ríos  llenos de basura y con pocas perspectivas de ser embovedados a corto plazo, en fin. Llegar hasta la extranca de San Roque es un sacrificio, no solo para los pasajeros, sino también para los vehículos. La circulación hasta ese lugar está entremezclada entre minibuses provinciales y de barrios alteños alejados. Muy rara vez se puede ver circular buses, pues la ciudad ha sido tomada por los minibuses.

Al cruzar la extranca uno se imagina que a partir de ahí viajará sin grandes contratiempos, pero no es así, la carretera aún no está terminada y en el trayecto hay trabajos en plena construcción, y esto obliga a tomar otros desvíos, incluso en algún lugar por miles de metros. Un conductor nos contó que debía desviarse porque un flamante puente se había caído hace poco (¿cómo puede caerse tan pronto, cuando ni siquiera se ha inaugurado?), en fin.

Escucho hablar con bombos y platillos a funcionarios de la Alcaldía de El Alto sobre la inauguración de jach’a obras, y uno se pregunta ¿dónde están? Esta carretera debería ser una de las jach’a obras y de gran prioridad; pero al parecer a ninguna de las autoridades (ni nacionales, ni departamentales ni municipales) les interesa que sea así. Esta obra terminada permitiría un fluido más rápido del transporte, en este caso, una salida más expedita para conocer en poco tiempo varias provincias del norte del departamento. Khaysa provincianakaruxa sarañax wali t’aqhisiñawa, janiwa wali suma thakhix utjkiti.

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