Columnistas

Víctimas de su propio lenguaje

Simples palabras, políticamente incorrectas, que son capaces de nublar logros

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

03:52 / 08 de marzo de 2016

Sé que es difícil medir, pero es perceptible en el sentimiento y en la opinión de la gente. La forma cómo el presidente Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, sus colaboradores, sus aliados y sus simpatizantes se expresan, es una de las razones del descontento y, quizás, los resultados adversos del referéndum reciente.

Alguna vez escribí un texto con la misma observación: dice algo polémico el Presidente, es comidilla para sus detractores, los medios de información y, ahora, las redes sociales. Morales es sincerote, si la palabra cabe; no sabe de guardar las formas ni morderse la lengua, como lo harían otros en sus mismas funciones, lo que no quiere decir que deba ser hipócrita en sus expresiones.

Acaba de decir algo para las aperturas de página de algunos diarios: “El corresponsal de CNN en Bolivia es un narcotraficante juzgado por la Justicia boliviana, son los comentaristas de CNN”, dijo en Caracas en un acto en conmemoración de los tres años de la muerte de Hugo Chávez.

Quedó claro que no se ha referido a Gloria Carrasco, que es la periodista de la estación en Bolivia, sino a Carlos Valverde, que hace unos días habló para ese canal estadounidense con Andrés Oppenheimer, sobre los supuestos vínculos del Gobierno con la otrora novia de Morales, Gabriela Zapata.

Fue una grave acusación sin pruebas contra un destinatario equivocado, que desató críticas en la opinión, un desmentido de CNN y una solidaridad a favor de la corresponsal real.  Cuestión de lenguaje y precisión, pudo haber aludido de entrevistado  o fuente de CNN a Valverde, no como corresponsal. Un entrevistado no es pues corresponsal.

Pero hace varias semanas, en medio de la polémica por su pasado junto a Zapata, Morales incurrió en dos contradicciones que se viralizaron en las redes sociales y fueron “asunto serio” en el análisis mediático previo al referéndum, suficiente para desgastarlo políticamente.

Conocida la denuncia de su relación pasada con Zapata, el Presidente salió al paso con un “perdí todo contacto correspondiente a partir de 2007”. Casi inmediatamente apareció una foto de él junto a la mujer en el Carnaval de Oruro de 2015.  Uno especula y considera que pudo haber dicho que no habla con ella de su relación desde ese año y asunto arreglado. Especula nomás.

Sin embargo, lo más crítico para Morales llegó cuando quiso aclarar lo que dijo en su intento de despejar las interpretaciones sobre su primera explicación. “Yo vi a una mujer que no recordaba bien, cara conocida, que se me acercó y era Gabriela”, dijo para mal de males y agenda de los medios.

Cara conocida. Un viejo amor, mucho más la madre del hijo de alguien, no es pues cara conocida. Palabras más, palabras menos, las redes se solazaron con la frase, hasta Unidad Nacional (UN) hizo un spot del referéndum con las dos palabras. Siempre incurre en improperios o desatinos verbales, que no distan de los que pronuncia García Linera.

En la campaña electoral también  causó furor esta frase del Vicepresidente: Si abandonan a Evo “va a haber llanto y el sol se va a esconder, la luna se va a escapar, y todo va a ser tristeza para nosotros; no se olviden”. La metáfora fue repetida miles de veces a manera de burla y críticas. Fue metáfora, ¿o no? 

Ni qué decir del “autoatentado” que acuñó el exviceministro de Régimen Interior Marcelo Elío en medio de la tragedia en la Alcaldía de El Alto, donde murieron seis personas asfixiadas durante un conflicto.Son simples palabras, políticamente incorrectas, que son capaces de nublar logros y desgastar a quienes las expresan. Y ellos son víctimas de su lenguaje.

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