Columnistas

Victoria con aroma a Pirro

Será muy difícil para Rousseff asumir políticas no proteccionistas que sinceren la economía.

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

00:00 / 28 de octubre de 2014

Brasil ya eligió quién lo gobernará: reeligió a Dilma Vana da Silva Rousseff. La Presidenta dio un mesurado discurso de proclamación (poco antes, su contrincante había aceptado la derrota) con ejes en: diálogo y consenso, unidad, reforma política y lucha contra la corrupción. Discurso que significaría una nueva visión de gobernar.

Sin embargo, tengo muchas dudas de que este proyecto pueda realizarse. Para el diálogo y consenso, hoy Brasil está muy desunido: menos de 3% de los votos separan a ambos candidatos, cifra que se complica aún más cuando (con pocas excepciones estaduales) se comprueba que Rousseff ganó con 13 millones de votos de ventaja en los estados del norte y noreste (los más pobres y donde más de 25% de la población recibe la Bolsa Familia) y perdió por 10 millones en los del sur, sureste y centroeste (los más desarrollados económicamente y donde menos reciben la mencionada Bolsa). Resultado que confirma lo que escribí días atrás: el bono en el bolsillo decidió la elección del domingo.

A esto se suma un nuevo Congreso fragmentado (de 22 partidos ahora serán 28), cuya Cámara Baja verá reducir la amplia mayoría gubernamental actual (16 menos para el Partido de los Trabajadores, PT, y cinco del cogobernante Partido de Movimiento Democrático Brasileño, PMDB) mientras la oposición (Partido da Social Democracia Brasileña, PSDB, y el Partido Socialista Brasileño, PSB) crece en ambas Cámaras. Hasta el momento, a pesar de la cómoda mayoría con la que han gobernado desde 2006 (2002 no, por eso el mensalão), el PT-PMDB no ha avanzado una reforma política, por lo que ahora (sin presumir falta de voluntad anterior en contraposición con lo anunciado el domingo) será más difícil.

De los ejes enunciados por la Presidenta, queda la lucha contra la corrupción. Muy loable y no se puede olvidar que ésta fue la bandera del inicio de la administración Rousseff en 2010, pero que hizo temblar las estructuras del PT en el juicio del mensalão. No me queda duda que, tras 12 años de gobierno, la corrupción hubiese  venido de los cogobernantes y sus aliados, y la pregunta será, ¿hasta dónde profundizará la sanación?

Queda otro tema pendiente y urgente: la economía. La inflación crece y el PIB cae en recesión “técnica” (eufemismo político), las exportaciones se reducen y la participación de Brasil en bloques comerciales se reduce a un Mercosur asmático. Las soluciones pasan por desideologizar el manejo de la economía y asumir políticas no proteccionistas y que sinceren la economía. Pero será muy difícil para la Administración reelegida, porque ésas son, casualmente, las propuestas de Aécio Neves da Cunha... Necesarias para mantener la vocación social y retomar el crecimiento, aplicarlas tendrá un alto costo político,  porque no se hicieron en bonanza cuando hubieran sido menos dramáticas.

Estas elecciones fueron las más reñidas en las dos décadas largas de la actual democracia brasileña y también las más sucias (el enfrentamiento de Rousseff contra la revista Veja conllevó a que centenares vandalilzaran sus instalaciones).

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