Columnistas

Vida y muerte de Oswaldo Payá

La muerte de Payá genera una coyuntura internacional desfavorable para el Gobierno cubano

La Razón / Guillermo Nova

02:15 / 04 de agosto de 2012

Oswaldo Payá siempre fue un caso diferente dentro del movimiento opositor cubano, caracterizado por presentar un panorama débil y dividido, con más proyección hacia las embajadas extranjeras y la prensa internacional que hacia el activismo político interno.

En 1988, Osvaldo Payá creó el Movimiento Cristiano Liberación, y en 1991 recogió firmas en apoyo a su “Llamamiento al Diálogo Nacional”, una estrategia que volvería a emplear una década después con su famoso Proyecto Varela, con el que consiguió más de 10 mil firmas de apoyo para iniciar un debate de cambio constitucional, que aunque no prosperó al menos consiguió una considerable repercusión, tanto interna como externa. Meses después, las autoridades convocaron a millones de cubanos a respaldar una reforma constitucional, que declaró el socialismo irrevocable.

De fuertes convicciones católicas, Payá no vivía aislado de la sociedad cubana. Mantuvo siempre su vínculo laboral, reparaba aparatos electromédicos en los hospitales del Ministerio de Salud Pública cubana. Políticamente estuvo vinculado a la Internacional Demócrata Cristiana, pero sobre todo tenía importantes lazos con los partidos populares del viejo continente, lo que le abrió las puertas del Premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2002, un premio por la defensa de los derechos humanos que luego recibirían las Damas de Blanco.

Todo se vino abajo el día que a las seis de la mañana salió de La Habana con destino a Santiago de Cuba, y sufrió un accidente en un vehículo de alquiler,  conducido por el líder de Nuevas Generaciones del Partido Popular, Ángel Carromero. Carromero relató a la Policía en un video del interrogatorio que perdió “el control del coche porque habíamos entrado en una zona con grava, perdí la estabilidad, la dirección ya no funcionaba y no pude mantenerlo”. La familia de Payá expresó dudas sobre la investigación y algunos blogueros disidentes aseguraron en un primer momento que el vehículo había sido chocado intencionalmente por un camión; incluso difundieron por las redes sociales fotografías del automóvil accidentado, pero resultaron tener una marca, color y matrícula diferentes.

Ahora, el Partido Popular guarda un prudente silencio, mientras la diplomacia española realizó su propia investigación sobre el terreno, y los resultados coinciden con la versión del Ministerio del Interior cubano.

La muerte de Payá genera una coyuntura internacional desfavorable para el Gobierno cubano, que ante las sospechas y acusaciones debe despejar dudas sobre el siniestro; además, con una posible condena de Ángel Carromero, a la larga tendrá que negociar políticamente con dos naciones europeas que tienen una política marcadamente hostil hacia la isla y con fuertes influencias en terceros países de la región. Pero, en cambio crea un escenario favorable para la jerarquía de la Iglesia Católica cubana, que gana un ícono y al mismo tiempo evita ruido en el sistema de interlocución directa que ha ganado con el presidente Raúl Castro.

Osvaldo Payá se había convertido en un obstáculo para mejorar las relaciones con el Gobierno cubano, no es casual que el secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio Bertone, fue el primer visitante que recibió Raúl Castro tras ser confirmado como presidente.

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