Columnistas

Vida y muerte del pepino

El pepino, uno de los personajes centrales del Carnaval, es la representación simbólica de la fertilidad

La Razón / Félix Layme Pairumani

02:26 / 28 de febrero de 2012

El pepino (a quien se despierta el sábado de Carnaval y se lo despide el domingo de Tentación) siempre baila junto con los ch’utas (danza que se empieza a bailar en enero y se extiende hasta la Pascua). Sin embargo, la danza anfitriona (los ch’utas) continuará bailándose hasta la Pascua.

En el mundo andino, el sexo no fue un tabú, sino que las inhibiciones y las críticas han aflorado en los últimos cinco siglos de la evangelización colonial; los prejuicios fueron más que todo religiosos y morales. Es más, una de las culturas andinas, me refiero a los mochicas, tiene abundantes modelados con motivos sexuales. Tampoco los aymaras estuvieron lejos de ello; en Chucuito, Puno (Perú), existe una plaza donde hay enormes falos líticos. Algunas mujeres del lugar aseguran que sentarse en el principal de ellos hace posible tener hijos y evita los dolores de parto.

Algunas fiestas aymara-quechuas son dedicadas a la producción. Una en Cochabamba y otra en La Paz nos servirán de ejemplo. En la primera se festeja a Santa Vera Cruz en Valle Hermoso, los días 2 y 3 de mayo. Allí los feligreses no tienen reparos en pedir al Santo la fertilidad. La segunda, de Caquiaviri, donde uno de los slogans de la fiesta es urqu ananta, se refiere abiertamente al sexo, en especial al de los auquénidos, pero también en alusión al ser humano.

El pepino, uno de los personajes centrales del Carnaval, en realidad es la representación simbólica de la fertilidad, es una representación fálica. En medios aymaras es muy sabido que quien baila de pepino, por sonso que parezca, está en búsqueda de una aventura amorosa. No es casual que alguna vez las mujeres jóvenes tengan sexo con el pepino, y como lleva máscara, no se sabe quién es. Y si tienen un hijo de esa época, declaran que es del pepino. El frenesí de este personaje dura los siete días del Carnaval, pero, como todo ente, tiene que morir después de haber cumplido su misión; entonces se produce su muerte y entierro.

Como tal, el pepino es producto del subconsciente desde muy antiguo; sin embargo, su aparición en la práctica es reciente, emerge junto al ch’uta. La forma cómo está ataviado y el instrumento que manipula y su comportamiento aluden al falo bailando, son la simbolización de la fecundidad. No es, pues, casual que los pepinos persigan chicas con el “chorizo” en la mano, puesto que en ese corto tiempo del carnaval se libera de todas las ataduras morales y religiosas.

Las fiestas de producción eran para pedir a las wak’as la fecundación. Crear flujos de voluntad de fertilidad, sea para la fecundidad de sus tierras y producir más, sea para que sus animales tengan crías, sea para lograr más hijos y/o para protegerse de los males naturales.

Beatriz Rossells, citada por La Razón, dice que: “El pueblo paceño se apoderó del pierrot muy temprano y más tarde lo convirtió en pepino”. Es posible que sea así. El pueblo, o mejor los indígenas, esperan que los citadinos o las élites empiecen con la idea y luego ellos se apoderan, llevan el agua a su sembradío. El nombre puede provenir de pepino, es decir de una de las hortalizas muy conocidas, que probablemente llegó hace mucho de la China. O bien de pipilu que en aymara quiere decir falo. Marcela Ossio Lazcano refiere que: “Uno de los que cargaban el ataúd golpeaba el cajón y le decía: ‘Pepino, despierta; llegaron tu mamá y tu mamacita’”. Hoy existe todo tipo de pepinos, algunos evolucionados conforme a su ruta, y otros demasiado distorsionados.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia