Columnistas

Viejos y nuevos muros

Cuantos más muros pretendan elevarse,  más firme será el espíritu humano que los repruebe.

La Razón (Edición Impresa) / José Félix Díaz Bermúdez

00:09 / 09 de septiembre de 2016

Se han cumplido 55 años de la construcción del llamado Muro de Berlín, separación física de una capital en la cual se materializó la imposición de un modelo de sociedad al estructurarse la República Democrática Alemana (RDA), fundada sobre esquemas centralizadores de la vida política, económica y cultural luego de concluida la Segunda Guerra Mundial.

En octubre de 1950, las elecciones de la denominada Cámara del Pueblo fueron realizadas sobre la base de una sola lista presentada por el Partido Comunista Alemán, a cuya autoridad se sujetaban todas las organizaciones, y que a su vez obedecían a la Unión Soviética, hecho que presagió las características del régimen que se implantaba y que concretaría de múltiples maneras la repartición de Alemania.

Junto a la exigencia de que la educación fortaleciese el establecimiento del sistema, la economía se centralizó; se impulsaron procesos de colectivización; más de 10.000 industrias fueron expropiadas sin indemnización; se fijaron rígidas normas de planificación social, que contenían entre sus estrategias la formación de empresas populares que debían aumentar de manera significativa la producción.

Las protestas obreras ocurridas el 16 y el 17 de junio de 1953 (las cuales se extendieron a todo el país en demanda de diálogo, revisión de las normas y elecciones libres), fueron sometidas por las fuerzas soviéticas. Sin vacilaciones, el primer congreso del Partido Comunista Alemán definió la situación bajo la consigna de “unidad dialéctica de la política, de la economía, de la ideología y de la cultura”.

En la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, las autoridades comunistas ordenaron la edificación del muro que separaría a la ciudad “como medida de protección antifascista”, en respuesta a la “agresión imperialista del Oeste” y como supuesto mecanismo de “protección contra los nazis”. Calificado por los berlineses y otros como el “Muro de la vergüenza”, la “Muralla china” y “la Frontera”, representó el cercenamiento irracional de libertades y derechos de los ciudadanos a favor de un sistema, que en apenas tres décadas después evidenció su agotamiento, sus limitaciones y sus errores históricos.

Cuantos más muros pretendan elevarse, más murallas pretendan erigirse, más fronteras se pretendan cerrar a causa de cualquier ideología absolutista y negadora, más firme será el espíritu humano que los repruebe; y se alzarán sobre tales obstáculos la fe, el valor, la consciencia de los hombres. Y cuando eso ocurra, caerán otra vez ante nosotros en todas partes donde se levanten los viejos y los nuevos Muros de Berlín.

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