Columnistas

Vienen meses críticos para la agropecuaria

Si bien es imprescindible la atención de la emergencia, también urgen respuestas estructurales.

La Razón (Edición Impresa) / Lorenzo Soliz Tito

00:00 / 03 de agosto de 2016

Según información del Viceministerio de Defensa Civil, hasta abril, los efectos del fenómeno de El Niño entre 2015 y 2016 a escala nacional serían de 152 municipios con declaratoria de emergencia y/o desastre; 132.796 familias afectadas; 81.203 hectáreas destruidas y 47.151 cabezas de ganado afectadas.

Desde nuestra perspectiva, basados en observaciones de campo y testimonios de las mismas familias productoras de las zonas de cobertura de Cipca, en el occidente del país las familias que tienen sistemas de riego lograron cosechar la siembra temprana a fines de 2015 y principios de 2016, y la de la siembra a temporal con riego suplementario, aunque disminuida por granizadas y heladas. Sin embargo, estas familias no podrán volver a sembrar la siembra temprana en la misma cantidad o superficie que el año pasado por la baja precipitación pluvial entre enero y abril de 2016. En cambio, las familias que no cuentan con riego perdieron su producción entre el 50% (valles) y el 100% (valles altos y altiplano).

Las zonas cercanas a la Cordillera Oriental o Real han tenido mayor precipitación pluvial, lo que favorece la crianza del ganado hasta ahora, cuentan con forrajes sembrados y de reserva, campos naturales de pastoreo y agua. En cambio las zonas más alejadas de la Cordillera Oriental y las de la planicie tuvieron menor precipitación pluvial, lo que está afectando al ganado camélido, ovino y bovino, y la fauna silvestre. Esta situación empeorará en los meses venideros acrecentando la muerte del ganado, a menos que llueva o caigan nevadas. Entretanto, en la Amazonía sur y norte, que vivió intensas inundaciones en 2014, hubo más bien una sequía prolongada, que afectó nuevamente la producción tanto de las parcelas, sistemas agroforestales y la recolección del bosque. Sobre todo la afectación se tradujo en una baja de hasta el 50% en la producción de castaña y de hasta el 70% de cacao.

En el Chaco, sobre todo en la llanura, tanto la producción agrícola como ganadera se vieron seriamente afectadas. Los pocos sistemas de riego o los reservorios de agua permitieron obtener cosechas con menor pérdida, y disponer de agua para consumo animal hasta mediados de 2016. Pero a partir de mayo la situación se va haciendo cada vez más crítica, con alto riesgo de tener nuevamente una elevada mortandad de ganado bovino. En cambio, en el pie de monte y la faja subandina la afectación fue menor; pero la situación también se va haciendo crítica por la sequía.

Ahora, el Gobierno nacional —sobre todo en atención a las demandas de los avicultores y de los grandes y medianos productores de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo) y de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), más que a la de los pequeños productores— ha anunciado la preparación de un plan de emergencia para hacer frente a los efectos de la sequía. Si bien es imprescindible la atención de la emergencia, también hay urgencia de respuestas estructurales y de largo plazo. Se debería replicar y amplificar inversiones concurrentes en iniciativas de diverso tipo que ya están mostrando sus frutos en la producción agropecuaria en las diferentes ecorregiones y son más resilientes al cambio climático. Hacen falta inversiones en infraestructura, recursos humanos, institucionalidad e innovación para mejorar la producción y productividad en todos los rubros. Asimismo se necesitan poner en marcha propuestas ya contenidas en leyes y agendas como las de la Cumbre Productiva Agropecuaria, el Plan de Desarrollo Económico y Social 2016-2020, la Agenda Patriótica 2025, entre otros.

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