Columnistas

Vindicación de Moreno

Si hay alguien injustamente ignorado en la tradición literaria hispanoamericana es Gabriel René Moreno

La Razón / Wálter I. Vargas

02:24 / 05 de octubre de 2013

Si no era por la famosa y planetaria red, es muy probable que jamás me hubiera topado, buscando otra cosa, con un libro del muy erudito colombiano Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005): La formación del intelectual hispanoamericano en el siglo XIX (en pdf, claro). No leí todo el texto (soy de los que no pueden leer libros en la pantalla).

Hice más bien un “peinado de lectura”, hasta tropezar, agradable sorpresa, con varias páginas dedicadas a comentar la obra de Gabriel René Moreno. Sorpresa porque no es común, ni mucho menos, que Moreno sea objeto de discusión (lo que supone lectura y conocimiento de su obra), entre los amplios aunque no siempre agradables campos de la academia literaria latinoamericana de toda laya; y agradable porque hay siempre en el fondo de toda inquietud intelectual de este tipo un afán nacionalista no plenamente confesado.

Es que si hay alguien injustamente ignorado en la tradición literaria hispanoamericana es Moreno. Arguedas, Aguirre, Tamayo tienen por ahí su lugar en tal o cual estudio de las letras decimonónicas, son citados de pasada en tal o cual panorama de las ideas o de las novelas latinoamericanas fundadoras. Moreno, no. No está, por ejemplo, en la popular Biblioteca Ayacucho, verdadera galería de títulos canónicos o fundamentales de la cultura subcontinental. En cambio, uno se puede encontrar con más de un libro de Martí o de Sarmiento, para no hablar de los varios autores venezolanos que, por ser esa biblioteca criatura del país caribeño, están ahí, siendo de menor importancia (por eso, lo del nacionalismo que corre subterráneo en estas faenas literarias englobadoras). Digresión: otro ausente inexplicable de esa colección es Ricardo Jaimes Freyre, mientras la poesía de los otros dos fundadores del modernismo poético, Darío y Lugones, está por supuesto de manera completa. ¡Pero qué exigimos un mejor trato del vecindario,  si ni en casa contamos con unas obras completas decentes y bien ordenadas de ambos, Moreno y Freyre!

Por eso reconforta que, en el texto de Gutiérrez Girardot, Moreno esté donde debe estar: al lado de Sarmiento, Martí, Andrés Bello y un apreciable pero reducido etc., como uno de los principales forjadores del espíritu crítico y científico del subcontinente en el siglo XIX. “Ha sido rescatado y rehabilitado en su patria” dice el estudioso colombiano en esas páginas. Sí, de algún modo se lo ha rescatado y rehabilitado, pero su patria, como se sabe, también lo obligó a escapar por los techos en Sucre, por haber tratado de encontrar una manera inteligente de que el país saliera mejor parado de la Guerra del Pacífico, sembrando desde entonces la leyenda negra de prochileno del chauvinismo patriotero de siempre.

Desde entonces, sepultado y/o difamado por la dominante historiografía nacionalista de la escuela cespediana-montenegrina, Moreno es para el vulgo investigador otro representante más de las malditas oligarquías coloniales y anti(pluri)nacionales, y nada más. Zavaleta, menos “apurete” y más inteligente que sus predecesores, comprende en su último libro la importancia del historiador cruceño, pero no deja de rendirse a la obligación nacional-indigenista de condenarlo por señorial y racista.

Moreno era por supuesto racista, era “señorial”, pero como lo era la época, ni más ni menos, y atormentar su memoria por eso es tan injusto y necio como lamentar que la industria del carbón decimonónica haya atentado impunemente contra el medio ambiente, o condenar por toda la eternidad a quienes esclavizaron a la “raza de color” en siglos anteriores a los derechos humanos.

La crítica de corte más conservador no ha sido menos pobre o limitada: suele repetirse impenitentemente en el título de “príncipe de las letras bolivianas”; y para el pueblo llano, finalmente, Gabriel René Moreno no es otra cosa que la universidad cruceña, cumpliendo así la observación borgiana de que la mejor manera de olvidar a un gran hombre es ponerle su nombre a una plaza.

En cualquier caso, príncipe o mendigo, no cabe duda que falta y mucho un trabajo de verdadera lectura y crítica de la amplia obra de Gabriel René Moreno, pese a que gentes como Josep Barnadas, José Luis Roca o Juan Siles Guevara han hecho ya un trabajo de investigación respetable.

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