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Violeta

En las cintas biográficas se deja un poco de lado material vinculado a la creación propiamente dicha

La Razón / Ana Rebeca Prada

00:45 / 24 de octubre de 2012

No he leído el libro Violeta se fue a los cielos (2006), que escribió el hijo de Violeta Parra, Ángel, y que Eliseo Altunaga adaptó para la película del mismo nombre del director Andrés Wood, estrenada en 2011. Difícil, pues, seguir la lógica de la adaptación y difícil también, hay que confesarlo, saber tan poco de la vida de esta extraordinaria chilena para ver cuánto de ello se escogió para la película, y cómo se decidió mostrarlo.

En todo caso, la película me dejó inquieta, pues tiene cosas que siempre me dejan así cuando veo cintas biográficas, sobre todo de artistas. Pienso rápidamente en Carrington (1995), sobre Dora Carrington; en Las horas (2002), sobre Virginia Woolf; en Frida (2002), sobre nuestra Khalo; en Georgia O'Keefe (2009).

La película del chileno repite algunos elementos que generan ésta mi inquietud: la concentración en las relaciones humanas de las artistas y el escaso enfoque en el arte propiamente dicho. En todas las películas mencionadas hay mucho material sobre Lytton Strachey, Leonard Woolf, Diego Rivera, Alfred Stieglitz, el Gringo Favre (y sobre hermanas, hijos, amigos, padres). Y esto está muy bien, pues en no pocas ocasiones estas relaciones definen de manera estructural la vida y el arte de estas mujeres. Por ello, bárbaro que estén en las películas y sepamos de qué manera incidieron en las artistas. Pero tal vez por ello se deja un poco de lado material vinculado a la creación propiamente dicha. Siempre he añorado un trabajo más cercano a la escritura de la Woolf, a la pintura misma de O'Keefe, de Khalo. En este caso, al proceso creativo de Parra.

Tal vez lo que estoy pidiendo, en pocas, es un registro más documental (pienso en los recientes y muy bellos documentales sobre Leonard Cohen y Bob Dylan), menos ficcional, quién sabe. Pero tampoco es exactamente esto, pues en El amor es el demonio (1998), sobre Francis Bacon y su amante George Dyer, John Maybury soluciona bien esta difícil economía ficcional entre vida y obra.

En todo caso, creo que Wood lo hace mucho mejor que los directores mencionados dos párrafos más arriba. Creo que hay bastante material y muy entrañable sobre los orígenes de Violeta, su búsqueda de lo popular para su música, su fuerza como persona, su forma lobuna de amar, el convencimiento profundo sobre su arte y su vida y sobre la forma en que había que llevarlos adelante. Y la actuación de Francisca Gavilán es suprema (su interpretación de El Gavilán vale un mundo). Me quedé, con todo, con ganas de entrar más en la lógica de su música, en los procesos de composición, en el volumen enorme de su creación, en su estética, en la forma en que de todas formas fue una artista conocida y querida en todo el mundo. Tal vez el que me haya quedado inquieta en este caso preciso es porque hubiera querido que la película no terminara. Si, tal vez es más bien esto.

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