Columnistas

‘Vivir bien’ en Haití

América Latina debe asumir el liderazgo de las inversiones en infraestructuras básicas para Haití

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Medrano Rojas

00:46 / 20 de agosto de 2014

En los últimos años Bolivia se ha convertido en un referente de la integración regional de América Latina y las políticas de cooperación Sur-Sur. La última Cumbre del G77+China, celebrada el pasado mes en Santa Cruz de la Sierra bajo presidencia boliviana, ha puesto en boca de muchos el lema “Vivir Bien: el derecho al desarrollo en equilibrio con la naturaleza y por la lucha contra la desigualdad y la pobreza”. Este es sin duda uno de los grandes desafíos regionales que Bolivia, en alianza con el resto de países de América Latina, puede abanderar en Haití.

Haití es hoy el país más pobre y vulnerable del hemisferio occidental, resultado de una historia de crisis políticas, conflictos sociales, sanciones económicas y desastres naturales reiterados. En 2010, al terremoto que arrasó el país le siguió una virulenta epidemia de cólera que ha causado hasta la fecha más de 700.000 contagios y 8.500 muertos. Estas cifras inaceptables son una llamada de atención a la comunidad internacional sobre la necesidad de inversiones en infraestructuras básicas de agua y saneamiento en el país (uno de cada tres haitianos carece de agua potable, y el 75% de la población no tiene cobertura sanitaria).

Nadie en el siglo XXI debería morir por cólera. El tratamiento de la enfermedad es sencillo y únicamente estalla en epidemia en lugares con mala cobertura de alcantarillado y escasez de fuentes de agua segura. Es entonces cuando el cólera se vuelve un problema grave. En la década de los 90, la pandemia que se extendió por toda América Latina produjo solo en Bolivia unos 45.000 casos, y las autoridades nacionales necesitaron años de esfuerzos en higiene, educación, agua y saneamiento hasta lograr su eliminación.

El Gobierno haitiano cuenta con un Plan Nacional de diez años para eliminar el cólera, dedicado en su gran mayoría a las áreas de agua y saneamiento. Sin embargo, hasta la fecha la financiación recibida apenas llega al 10%, y el Estado no tiene capacidad para hacer frente a estas inversiones. Sin un mayor compromiso internacional, se tardarán más de 40 años en lograr los objetivos del plan.

El presidente Evo Morales manifestó en el discurso inaugural de la Cumbre del G77 en Santa Cruz de la Sierra que los países latinoamericanos debían crear y fortalecer bancos del sur para fomentar proyectos industriales y comerciales basados en la solidaridad. Este es el camino correcto. América Latina tiene la ocasión de asumir el liderazgo de las inversiones en infraestructuras básicas para Haití, y los mecanismos más adecuados para hacerlo son sus instituciones financieras regionales, particularmente el Banco de Desarrollo de América Latina y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Los gobiernos de América Latina deben elevar su voz ante estas instituciones para que aprueben un proyecto de inversiones asegurado a diez años para el Plan Nacional de Haití, con calendario de ejecución y desembolsos definidos y previsibles. No hablamos de cantidades excesivas, sino de 220 millones de dólares al año, aproximadamente el gasto de tabaco en Bolivia en un mes.

Expresando la solidaridad de la región a través de las políticas de cooperación Sur-Sur, los haitianos podrán tener las infraestructuras y servicios que necesitan para “vivir bien”.

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