Columnistas

Vivir peligrosamente

El vivir peligrosamente invita a plantear una propuesta real de transformación urbana

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

01:51 / 10 de diciembre de 2015

Muchas veces no se toma conciencia de cómo se van construyendo las ciudades. Y ello significa entender que algunos lugares delatan que allí se ha olvidado toda planificación urbana, pues muestran que nunca fueron convertidos en lugares mínimamente habitables. Todos ellos, ubicados generalmente en los extremos urbanos o linderos territoriales, que exponen cómo la pobreza y la construcción de pequeñas edificaciones son el motivo para la conformación de supuestas barriadas o asentamientos miserables y laberínticos, donde lo que más existe es el sentimiento de inquietud, causado por el peligro real o imaginario que producen esos emplazamientos. Esto por la falta de una planificación coherente que no solo incorpore a esos pequeños satélites a la trama urbana, sino que los conecte con la ciudad en sí.

Situación que invita a pensar, por otra parte, que allá la pobreza es un tema aún no resuelto y, lo peor, la noche se convierte en parte del vivir peligrosamente. Esta realidad puede ser percibida no solo en esta urbe, sino en otras de América Latina.

Sin duda, en los últimos tiempos, toda ciudad contemporánea (gracias a su crecimiento acelerado y a su conversión en una gran metrópoli) ha convertido a la vida urbana en una constante de vivencias cambiantes, las cuales muestran con certeza la dualidad entre el peligro y el miedo. Esto exige mayor control, por ejemplo electrónico (cámaras) o de seguridad policial, ya que esos lugares alejados crecen conjuntamente con la inseguridad ciudadana.

Por todo ello, cabe preguntarse (según opinión del filósofo Nietzsche): ¿cómo se podría entender que el vivir peligrosamente es uno de los máximos placeres de la existencia de una ciudad? Pensamiento polémico que, sin embargo, si se lo reflexiona desde una segunda mirada, puede llevarnos a pensar —según nuestra perspectiva— que el vivir peligrosamente podría ser aprovechado y explotado para la búsqueda de una conceptualización; así como también para encontrar soluciones referidas a eliminar temores y/o mitigarlos.

La Paz, por su conformación topográfica, está bordeada de laderas, algunas de las cuales hoy cuentan con vías e infraestructura sanitaria y eléctrica apropiadas, que las han llevado a un buen desarrollo. En cambio otras aún son como satélites atravesados por sus laberínticos espacios, a través de largos túneles de circulación peatonal, lo que no solo produce temor, sino que además delata que el entorno no es apreciado, porque hasta la existencia de un arbusto o un árbol ha sido olvidada.

El hecho de tener esos sectores vertiginosos de casi 45 grados de pendiente y el vivir peligrosamente invitan a proponer soluciones distintas a las tradicionales, las cuales podrían no solo singularizar más a esta ciudad a través de la extracción de cualidades reales de esos lugares, sino convertirlos en espacios ricos en significado. Esto, sin olvidar la instalación de una mejor iluminación para un recorrido espacial más amable. De esa manera, el sentimiento de inquietud logrará inspirar soluciones urbanas y espaciales que aprovechen sus características naturales para remediar realidades inobjetables.

Es innegable que el vivir peligrosamente conlleva un sentido particular, no solo por ser desafiante, sino porque puede convertirse en una propuesta real de transformación urbana, por ejemplo en las laderas de La Paz.

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