Columnistas

Voces del tiempo

La Razón (Edición Impresa) / Marlene Quintanilla / La Paz

22:58 / 16 de mayo de 2016

Los secretos y misterios son parte del cotidiano vivir. La naturaleza no es ajena a esta realidad, ella resguarda una infinidad de secretos… quizás imposibles de descubrir para la misma ciencia. Inmensas serranías y extensas llanuras cubiertas de bosques bajo diferentes texturas formadas por copas de frondosos árboles albergan no solo la vida de una cuantiosa biodiversidad, sino que además resguardan misterios que contribuyen a la conservación de servicios ecológicos y funciones ambientales de los cuales nos beneficiamos actualmente.

Bolivia, caracterizada por una fisiografía muy heterogénea, es conocida como el país de las altas montañas, a pesar de tener tan solo el 26% de su territorio constituido por serranías y montañas. Esto se debe quizás a que más del 60% de los bolivianos habitamos en ellas. Sin embargo, en las tierras bajas del país se encuentra la mayor diversidad de pueblos indígenas. Esta condición diversa de culturas y ecosistemas ha propiciado un sinfín de leyendas y misterios muy arraigados que promueven respeto por la naturaleza.  

Los pueblos originarios fueron y siguen siendo los que más cerca están respecto a los misterios que la naturaleza resguarda. Por ejemplo, sus conocimientos ancestrales demarcaban áreas sagradas para mantener la funcionalidad ambiental. Estas prácticas compatibles con la naturaleza mantuvieron por muchos años ecosistemas en buen estado de conservación. Y hoy en día todavía respetan, con gran reverencia, a los guardianes o dueños del bosque, conocidos con el nombre de jichis en el oriente boliviano e iyas para los isoceños-guaraníes. Según la cosmovisión indígena, estos seres mitológicos cuidan de la funcionalidad del ecosistema mientras permanecen en su hábitat; pero cuando desaparecen, se rompe la armonía, manifestándose problemas ambientales como sequías y la degradación de los suelos.

Sin duda la conexión espiritual del hombre con la naturaleza ha permitido la conservación de ecosistemas fundamentales  para la biodiversidad y beneficios ambientales de los cuales hoy nos servimos. Sin embargo, nuestro modelo de desarrollo actual no toma en cuenta a ningún ser mitológico. Esta pérdida de sensibilidad y respeto hacia la naturaleza repercute en la desaparición de ecosistemas vitales como lagunas, humedales y especies primordiales como las aves y peces. Pese a la emergencia por recuperar sitios como el lago Poopó (Oruro) y las lagunas Alalay (Cochabamba), Tajzara (Tarija), Concepción (Santa Cruz) y muchas otras más, no son y ni han sido suficientes las voces del tiempo. La comprensión de lo sobrenatural y los lugares sagrados nos debería permitir mirar integralmente a nuestro país, tan diverso y tan único a la vez.

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