Columnistas

Votar no es sanar

Sanar la sociedad y la democracia debe continuar siendo el urgente norte de la ciudadanía

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha Fuentes

09:43 / 14 de febrero de 2020

Pasados los aciagos días de noviembre del año pasado, se instaló la idea de que lo que habíamos vivido había generado profundas erosiones y heridas en nuestra sociedad y democracia. Así, sabíamos que, como país, teníamos al frente el reto de reparar un daño sobre el cual no conocíamos entonces su verdadera magnitud.

Nuestra asignatura pendiente se imponía como un largo y profundo proceso en clave de sanación colectiva.

Tres meses han transcurrido desde entonces, y pareciera que poco a poco, carrera electoral de por medio, el horizonte de sanación y encuentro no solo se ha ido difuminando lentamente, sino que pareciera ubicarse incluso al margen de esta apretada y altamente ruidosa agenda. Es cierto que los tiempos para este proceso han sido avasallados por la urgencia de avanzar hacia las urnas, lugar privilegiado donde bolivianas y bolivianos estamos acostumbrados a dirimir nuestras diferencias.

Pero también es cierto que esa urgencia nos está llevando a dar algunos pasos para salir pronto de la “transición”, sin percatarnos o preguntarnos siquiera cómo está quedando su cualidad democrática.

Así, hemos sido testigos de que se asume un proceso de pacificación finalizado, pero en el que aún queda pendiente un compromiso realizado de manera pública, el cual en vez de prosperar se encuentra obstaculizado por una de las partes. Me refiero a la Ley de Garantías, ubicada actualmente en un limbo de consulta constitucional. A la vez, si bien parecía que el inicio de la carrera electoral, marcada por la convocatoria a elecciones, iba a devolver un escenario de “normalidad” a las calles (en las que ya se vive un periodo de campaña), éste fue inaugurado con un despliegue de presencia militar en la ciudad de La Paz y la novedad de que operaciones conjuntas entre la Policía y militares iban resguardar el proceso electoral, hecho que claramente no vivimos en pasadas elecciones.

Luego, cuando todo parecía dirigirse a los cauces institucionales previstos para la inscripción de candidaturas y el “rayado” de la cancha electoral en términos de actoras y actores (sorpresas de por medio), la atención terminó centrándose en la intentona de Evo Morales por optar a una senaduría en Cochabamba; intención que él justificó de manera abierta como una opción para lograr una suerte de protección. A la fecha, se esperan los resultados de la habilitación de esta candidatura, que colocó en el ojo de la agenda electoral a éste y a otros postulantes.

Este particular intento ha sido suficiente para volver a sentir la efervescencia y rechazo ciudadano en las calles, generando un escenario tenso para el ente electoral respecto a sus decisiones venideras. Al medio está el indignante debate sobre la pertinencia de esta candidatura que, en un acto de desmedido egoísmo, privilegia un interés particular, complejizando gravemente el de por sí difícil contexto electoral.

En todo este escenario que vivimos apenas a mitad del camino de esta compleja ruta de restitución democrática, está bastante claro que los puentes de unidad y paz han dejado de ser la prioridad. Y que, por el contrario, la beligerancia insistirá (por acciones de unos y otros, todos en campaña) en abrirse paso. También queda claro que en esta irreflexiva carrera poco importará curar las heridas, que ni siquiera han sido entendidas en toda su magnitud. Votar no es sanar; pero sanar la sociedad y la democracia debe continuar siendo el urgente norte de la ciudadanía. Es nuestra responsabilidad no olvidarlo.

Verónica Rocha Fuentes 

Es comunicadora. Twitter: @verokamchatka.

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