Columnistas

Voto cruzado o en línea

El centralismo ‘democrático’ no es lo mejor. Ciertos márgenes de pluralismo pueden mejorar la democracia.

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:00 / 28 de septiembre de 2014

A pocos días de las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias, para algunos el debate se concentra en si les conviene emitir su voto “en línea” (desde el presidente hasta los diputados en la Asamblea Legislativa) o más bien alguna forma de voto cruzado (por ejemplo, para Evo y Álvaro del MAS en el Órgano Ejecutivo, pero para diputados de otros partidos para la Asamblea Legislativa).

El MAS, por supuesto, presiona para que todo sea en línea, y algunos dirigentes de las organizaciones más masistas amenazan con chicotazos u otras sanciones a los que voten cruzado. Una primera pregunta es cómo sabrán con certeza, si el voto es secreto. ¿Exigirán tal vez una foto de sus boletas por el celular, antes de depositarlas en el ánfora?  

Por otra parte, en toda la campaña se ha dado poco énfasis en los senadores y diputados como tales. Salvo unos pocos más notorios, la mayoría parecería ser solo la corte de honor de la Presidencia y Vicepresidencia. En una encuesta entre los votantes de a pie, seguramente ganaría la opción “no sabe/no responde”, como ocurrió con los “nulos” en las elecciones directas para el Órgano Judicial.

¿Debe, por otra parte, considerarse definitivamente “traidores” a quienes no voten en línea? ¿No dependerá también de las cualidades y defectos de los diversos candidatos? Si después, los que han votado en línea se limitan a ser “levanta manos” sin usar su cabeza ni su boca para argüir con razones sobre diversas opciones, ¿qué nombre hay que darles a ellos? ¿Serán realmente los más “leales” e “incondicionales” o serán quizás a veces llunk’us que renuncian a pensar por sí mismos para no perder su pega? Dejémoslo como preguntas.

Es relevante aquí recordar algo de los orígenes del MAS. Su principal antecedente histórico, como “instrumento político”, fue la Asamblea Soberana del Pueblo, que se conformó aprovechando la brecha abierta por la Ley de Participación Popular de 1994. Cuando otros grupos de izquierda aún la llamaban “ley maldita del Banco Mundial”, el entonces dirigente cocalero Evo Morales tuvo el olfato político de aprovecharla, creó la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP) y con esa sigla se presentó a las primeras elecciones municipales bajo esa ley. Ganó abrumadoramente en todos los municipios del Chapare e incluso salió primero en todo el campo de Cochabamba, con otros varios municipios. Animados por ese éxito, se presentaron también a las elecciones generales de 1997 bajo el paraguas de Izquierda Unida para escabullir la negativa de la Corte Electoral para reconocerles. Lograron el 3,7% y sus cuatro primeros diputados, todos cochabambinos, uno de ellos el propio Evo. Su candidato presidencial había sido Alejo Véliz, representante legal de la ASP, que a la vez se presentaba también al Parlamento. Pero él no logró curul, según él mismo (sea o no verdad), porque Evo habría instruido, en ese caso, el voto cruzado. Fue el principio del distanciamiento creciente entre Evo y Alejo.

 Si, gracias al voto cruzado, Evo y el MAS ganan ampliamente la elección,  pero no logran los dos tercios en el Legislativo, yo mismo le vería ventajas para que el MAS mejore su capacidad de dialogar con los distintos. En realidad también los legisladores masistas deberían animarse a discutir públicamente en el Parlamento en vez de callarse cuando no estén de acuerdo con alguna moción. El “centralismo democrático” no siempre es lo mejor. Ciertos márgenes de pluralismo pueden mejorar nuestra democracia.

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